Vol. I Sandra Anchondo Pavón Coordinadora Reflexiones a partir de las teorías y de las experiencias prácticas compartidas Educar en los márgenes Educar en los márgenes. Reflexiones a partir de las teorías y de las experiencias prácticas compartidas Vol. I Sandra Anchondo Pavón (Coordinadora) educar en los márgenes. reflexiones a partir de las teorías y de las experiencias prácticas compartidas 1a. Edición, Toluca, México, 2022 DR. © Sandra Anchondo Pavón DR. © Ilustración de portada: Montserrat Colchado Jiménez Diseño y diagramación: Río Subterráneo Editores Paseo Cristóbal Colón 225 Col. Colón, C.P. 50120 Toluca, Estado de México www.riosubterraneo.com.mx ISBN: 978-607-8532-80-3 Esta obra fue recibida por el Comité Interno de Ediciones Académicas de Río Subterráneo y se valoró en la sesión del primer trimestre de 2022, por lo que fue sometida al sistema de dictaminación de dos pares doble ciego por especialistas en el área del conocimiento. El resultado de los dictámenes fue positivo. Editado en México Edited in Mexico Este libro no puede ser fotocopiado ni reproducido total o parcialmente por ningún medio o método sin la autorización por escrito de la coordinadora y los editores. 4 Índice Presentación 4 Nobleza educativa y periferias indígenas Arturo Rocha Cortés 7 Un espacio para la morigeración de las costumbres del niño desvalido. El Colegio Correccional de San Antonio (1840-1972) Mónica del Carmen Meza Mejía 51 San Juan Bosco: su vida, su método preventivo y su proyección hacia los más necesitados. Testimonios de Chile y Brasil Jaime Caiceo Escudero 75 Las propuestas pedagógicas de Antón Makárenko contra la marginación social, el caso de Banderas en las torres Gabriel González Nares 108 Educación rural: análisis de dos propuestas en Chihuahua, la rarámuri y la menonita María del Carmen Yáñez López 132 Obligaciones feministas y epistémicas: la necesidad de educar con perspectiva de género en el ámbito jurídico Grecia Elizabeth Macías Llanas 165 Interculturalidad y educación comunitaria: hacia el final de las casas del niño indígena Sandra Anchondo Pavón 188 5 PRESENTACIÓN La existencia de los márgenes es precisamente lo que sostiene y delimita los espacios centrales, pero también sabemos que suponer la centralidad de algo produce, ya sea de manera inesperada o consciente, sus propias periferias. En materia educativa esto ha pasado desde hace años y en casi todos los contextos. Por ello, quienes participamos en el presente libro, quisimos inicar una serie de reflexiones, sobre los fines de la educación, reparando en las periferias de los sistemas educativos. Aquí entregamos los primeros resultados de estas reflexiones sobre experiencias educativas que no constituyeron el común de su contexto y contribuyen a repensar las élites educativas, la colonización educativa, la priorización de la educación instrumental para las niñas, niños y jóvenes en los márgenes de las sociedades y los distintos tipos de discri- minación que de ahí se han podido derivar. También nos invitan a revisitar los esfuerzos de educadores ejemplares que intentaron dar solución a los desafíos de la infancia y juventud más desatendida de su tiempo. Presentamos el primer libro de esta serie, que irá viendo la luz próxima- mente, con el propósito de abarcar un panorama más amplio sobre el modo en que se viven los márgenes de las instituciones escolares. Siendo que la educación puede ser una ventana al mundo y un ejercicio de vinculación social entre individuos que miran horizontes comunes, pero también puede convertirse en una gruesa y pesada cadena de condicionamientos que no ayudan a ser, ni preparan para la vida activa y participativa en la propia comunidad o en el mundo. Esa es la preocupación de la cual nace este impulso que invita a llevar a cabo más iniciativas como ésta para enrique- cer el diálogo sobre educación inclusiva y educación de calidad para todas y todos, en sentido amplio. 6 educar en los márgenes. reflexiones a partir de las teorías y de las experiencias prácticas compartidas Empezamos con un ejercicio de memoria histórica, gracias a dos tex- tos muy bien documentados en fuentes originales. El primero, de Arturo Rocha Cortés, sobre la educación de los antiguos indios en el contexto novohispano. Le sigue el capítulo de Mónica Meza Mejía, quien se enfoca en el caso concreto del colegio correcional de San Antonio para explicarnos el proceso de transformación de una institución correccional que terminó siendo una institución educativa para los niños desvalidos del México de mediados del siglo XIX. A continuación, exponemos las ideas de dos teóricos imprescindibles para hablar de educación marginal, a través de los escritos de Jaime Caiceo Escudero sobre el método educativo de San Juan Bosco para los más necesitados y de Gabriel González Nares, quien nos expone las propuestas pedagógicas de Antón Makárenko contra la marginación social. En la última parte, terminamos con tres capítulos que abordan temas relevantes para el planteamiento de nuevos horizontes respecto a la educación de las “minorías”. María del Carmen Yáñez López analiza el caso concreto de Chihuahua, México. Lugar donde conviven al menos tres cosmovisiones distintas, con necesidades educativas particulares. Resalta las del pueblo rarámuri y los llamados menonitas. Le sigue un texto sobre violencia epistémica en el que Grecia Macías Llanas analiza los conceptos de prejuicio y estigma para denunciar la injusticia testimonial que particu- larmente sufren las estudiantes de derecho y que es origen de diversos tipos de discriminación para las mujeres, incluso más allá del ámbito educativo. Terminamos con un texto de mi autoría en el que cuestiono la existencia de las “casas del niño indígena” como modelo de solución educativa con perspectiva intercultural. Los siete capítulos que presentamos abordan teorías o experiencias educa- tivas útiles para pensar la educación como un hecho social que demanda ser transformado si queremos que cumpla con sus objetivos elementales, pues 7 Presentación no basta tener instituciones educativas si se pasa por alto la deliberación sobre la pertinencia cultural de su enfoque, si propone o no experiencias escolares significativas o la calidad de la educación que ofrece y no nos comprometemos a dar respuesta a cuestiones tales como ¿para qué estamos educando?, ¿desde qué contextos valoramos las experiencias educativas?, ¿está sirviendo la educación para la convivencia simétrica de los distintos actores sociales que creamos?, o incluso ¿por qué queremos vivir juntos?, ¿qué significa aprender a ser y a vivir con los demás? Aquí no damos respuestas a estas importantes interrogantes, nuestro objetivo es abrir la perspectiva para que se esbocen algunas y cuestionar el papel de la educación en nuestras sociedades, de antes y de ahora, con la finalidad de dejarnos transformar y señalar los objetivos educativos que demanden transformación. Fuera de ideologías, buscamos construir un marco del que surjan propuestas educativas respetuosas para todas las personas. Sandra Anchondo Pavón 8 NOBLEZA EDUCATIVA Y PERIFERIAS INDÍGENAS Arturo Rocha Cortés Universidad Intercontinental, México A don Amando Mastachi El poeta Ramón López Velarde afirma sin ambages, en uno de sus textos en prosa más interesantes, “Novedad de la Patria”, que de aquello que denomina- mos nacionalidad “habíamos salido por inconsciencia, en viajes periféricos, sin otro sentido, casi, que el del dinero. A la nacionalidad volvemos por amor… y pobreza” (López Velarde, 1923, p. 40). Viajes periféricos, dice, en pos de riqueza, nos han hecho soslayar una riqueza más auténtica. “Hijos pródigos de una Patria que ni siquiera sabemos definir, empezamos a observarla”, afirma; “(c)astellana y morisca, rayada de azteca… ofrece… el café con leche de su piel”. (Id.) El café con leche de aque- lla piel no es otra cosa que el mestizaje. Somos un pueblo mezclado. Pero hay tanta más pobreza en hacer ostracismo de alguno de los elementos que componen —como escribe también el vate zacatecano—, la “alquimia del carácter de lo mexicano”. (Ib. 42) Y dígase si no, el empujar hacia la periferia, el lanzar a las orillas, es marginación. Lo propiamente mestizo, en sus orígenes, fue orillado a las periferias, y así los fingidos dialogantes de Cervantes de Salazar, en 1554, confesaban que los hispano-indios, eran aquellos promiscuorum puerorum, “muchachos mezclados”. Y a la pregunta expresa de quiénes eran los tales, la respuesta era demoledora: son los huérfanos (Ceruantis Salazari, 1554, f. 271r; cfr. Rocha, 22018, p. 63). Huérfanos en la propia tierra, condenados a la orfandad por 9 Nobleza educativa y periferias indígenas cada una de las contenciones que le dieron origen, españoles e indígenas, y que veían en aquellos no a una parte de su sangre, sino a un exponente de la parte contraria. Aunque estos diálogos fingidos fueron pergeñados por Cervantes de Salazar para la enseñanza del latín de en la recientemente inaugurada uni- versidad de México, los sitios de la ciudad descritos en ellos eran reales. Y aquellos muchachos mezclados eran traídos a colación precisamente por transitar los dialogantes —Alfaro y Zuazo— enfrente del “colegio de los muchachos mestizos, dedicado a uno y otro San Juan” (colegiũ est promis- cuorum puerorum, vtriqȝ Ioanni consecratum) (Ceruantis Salazari, ut supra), obra educativa merced a la cual muchos de aquellos infantes dejaron de andar por las plazas como los perros, cual reportaba dramáticamente el primer obispo de México, fray Juan de Zumárraga, al príncipe Felipe, con ocasión de haberse “comenzado a recoger en un colegio de la doctrina cristiana, todos los niños huérfanos, hijos de españoles e indias, que andaban perdidos por los campos, sin ley ni fe, comiendo carne cruda” (“Carta de fray Juan de Zumárraga al príncipe D. Felipe” [Cd. de México, 4 dic. 1547]” in Cuevas, 1921, I, c. 19, p. 392). De esta triste condición de los mestizos daba cuenta, también, el obispo Vasco de Quiroga, al mencionar lastimosamente a quienes: “andan por los tiangues a buscar de comer lo que dejan los puercos y los perros, cosa de gran piedad de ver […] son tantos que no es cosa de se poder creer si no se ve” (Codoinao, 1864-1884, t. XIII, p. 421; Cuevas, 1921, p. 312). De este colegio daba cuenta, también, el virrey Antonio de Mendoza a su sucesor, el primer Luis de Velasco, al término del gobierno de aquél: S.M. y la emperatriz, que está en gloria, me mandaron muchas veces que yo diese orden cómo los hijos mestizos de los españoles se recogiesen porque andaban muchos de ellos perdidos entre los indios. Para remedio 10 educar en los márgenes. reflexiones a partir de las teorías y de las experiencias prácticas compartidas de esto y en cumplimiento de lo que Sus Majestades me mandaron, se ha instituido un colegio de niños donde se recogen no sólo los perdidos, más otros muchos que tienen padres. Los ponen a leer la doctrina cristiana, y a leer y escribir, y a tomar buenas costumbres. Y asimismo hay una casa donde las mozas de esta calidad que andan perdidas se recogen, y de ahí se procura sacarlas casadas […] una tan santa obra y tan necesaria para esta república. (“Relación de Antonio de Mendoza a Luis de Velasco al término de su Gobierno [ca. 1550 ó 1551]”, Biblioteca Nacional, Madrid, ms. 3,402).1 Pero en ese mismo costal entraban otros componentes de aquella promis- cua síntesis. Y así, Hernando Ruiz de Alarcón —cura párroco de Atenango, y hermano del dramaturgo Juan Ruiz—, en su Tratado de Supersticiones y costumbres gentílicas de 1629, a propósito de hablar de quiénes fueran los que las practicaban, señala que tenían lugar en lejanas vaquerías, donde siempre (y coge parejo) “se ocupan mulatos, mestiços, indios y gente vil [sic]”. (Ruiz de Alarcón, 1900 [1629], trat. I, c. 8, p. 148). En una palabra: los indígenas en el mismo costal de lo que por entonces se denominaba “gente quebrada”, es decir, los negros, los mulatos y las demás castas o estamentos. Con todo, y a decir verdad, el tema de los indígenas (los “indios” como los designan todos los cronistas) planteaba una cuestión sui generis. Por mucha que fuera la soberbia de la razón occidental no podía hacerse ostra- cismo de los naturales, en primer lugar, porque constituyeron los aliados en la conquista militar emprendida por los europeos en tierras de Anáhuac (la “primera” conquista, a la que nos hemos referido en otro lugar (Rocha, 2010, pp. 2-3). Por ejemplo, Hernán Cortés en sus cartas y relaciones, casi a cada paso señala el carácter no periférico, sino toral de quienes denomina sus “amigos” indios, aliados con él por infinidad de razones. 1 In: Hanke, 1976, I, Antonio de Mendoza, Doc. 5, núm. 12, pp. 40-41. 11 Nobleza educativa y periferias indígenas Pero, en segundo lugar, porque los indígenas de Anáhuac descollaban en gracia a su ingenio en comparación con los nativos de las islas del Caribe. A los principios esto se advierte casi por accidente. Por ejemplo, en una carta de la Justicia y Regimiento de la Rica Villa de la Veracruz a la reina doña Juana y al emperador Carlos V, de fecha de 10 de julio de 1519, con ocasión de describir las evoluciones de Cortés y sus huestes en cierta batalla en las cercanías del actual río Grijalva, en la que se impusieron los castellanos, se relata que… …preguntó el capitán á los dichos indios por el intérprete que tenia, que qué gente era la que en la batalla se habia hallado, y respondiéronle que de ocho provincias se habían juntado los que alli habían venido, y que según la cuenta y copia que ellos tenían, serian por todos cuarenta mil hombres, y que hasta aquel número sabían ellos muy bien contar [sic] (in: Cartas y Relaciones, 1866, p. 17). Llama la atención que el relator repare en la capacidad de los naturales en contar hasta cuarenta mil, como si tal cosa fuese algo en extremo excepcional, acostumbrado a los alcances de los indígenas insulares. Ya al tomar el cálamo el propio capitán Cortés, en una de sus cartas de relación, confirma estas diferencias intelectuales: Por una carta mia hice saber á V. M cómo los naturales destas partes eran de mucha mas capacidad que no los de las otras islas, que nos parecian de tanto entendimiento y razón cuanto á uno medianamente basta para ser capaz; y que á esta causa me parecía cosa grave por entonces compelerlos á que sirviesen á los españoles de la manera que los de las otras islas… [sic] (“Tercera carta-relación de Hernán Cortés al Emperador. Cuyoacan á 15 de mayo de 1522”, in: Cartas y Relaciones, 1866, p. 271). 12 educar en los márgenes. reflexiones a partir de las teorías y de las experiencias prácticas compartidas En una palabra, el peculiar entendimiento de los indígenas ocasionaba al Capitán escrúpulo para someterlos no propiamente al vasallaje, sino a cierta índole de trabajos pedestres, casi al modo de considerarlos sobre-calificados con relación a los insulares. Llama la atención que Cortés señale esto, si bien, por otro lado, no podía esperarse que celebrase en sus crónicas una victo- ria lograda sobre hombres rudos e ignorantes; ésta fue tanto más gloriosa cuanto sometió a hombres de costumbres y estatura política. Vaya a guisa de ejemplo el célebre testimonio siguiente: Porque para dar cuenta, muy poderoso señor, á Vuestra Real Excelen- cia de la grandeza, extrañas y maravillosas cosas desta gran ciudad de Tenuxtitan, y del señorío y servicio deste Muteczuma, señor della, y de los ritos y costumbres que esta gente tiene, y de la orden que en la gobernación, así desta ciudad como de las otras que eran deste señor, hay, seria menester mucho tiempo, y ser muchos relatores y muy expertos: no podré yo decir de cien partes una de las que dellas se podrían decir; mas como pudiere, diré algunas cosas de las que vi, que aunque mal dichas, bien sé que serán de tanta admiración, que no se podrán creer, porque los que acá con nuestros propios ojos las vemos, no las podemos con, el entendimiento comprehender. (“Segunda carta-relación de Hernán Cortés al Emperador: fecha en Segura de la Sierra á 30 de octubre de 1520” in Cartas y Relaciones, 1866, pp. 101-102). Con todo, ya desde los inicios de la vida virreinal, el grupo de los indígenas y el de los europeos se hallarían diferenciados en sus respectivas repúblicas. El virrey Martín Enríquez de Almanza, en su Advertimientos a su sucesor, el Conde de la Coruña, subraya la existencia de “dos repúblicas que hay que gobernar en esta tierra que son indios y españoles” (Advertimientos de Martín 13 Nobleza educativa y periferias indígenas Enríquez a su sucesor” [25 sept. 1580], Biblioteca Nacional, Madrid, ms. 3,402).2 Y si bien —continúa— “para lo que principalmente S. M. nos envía acá es para lo tocante a los indios y su amparo” (id.), preconiza en ello “acudir con más cuidado, como a gente más flaca. Porque son los indios una gente tan miserable que obliga a cualquier pecho cristiano a condolerse mucho de ellos. (id.) Por su parte, en los advertimientos que el virrey Luis de Velasco, el segundo, dejó en 1596 a su sucesor el Conde de Monterrey, señala que “(l)as dos repúblicas de que este reino consiste, de españoles e indios, tienen entre sí en lo que es su gobierno, aumento y estabilidad, gran repugnancia y dificultad porque la conservación de aquélla siempre parece que es la opresión y destrucción de ésta” (AGI, México, 23).3 Aunque el jurista español Juan de Solórzano Pereira [1575-1655], afirmase en su Política indiana que “las dos Republicas de los Españoles, i Indios, assi en lo espiritual, como en lo tẽporal, se hallã oy unidas, i hazẽ un cuerpo… [sic]” (Solórzano de Pereira, 1648, l. II, c. VI, p. 87), esto debe en- tenderse en el sentido de que ambas se hallaban al amparo de la misma iglesia y monarquía (Sonia V. Rose in Mayer & Pérez Herrero 2010, c. 2, pp. 101;4 Levaggi, 2001, p. 425), preservando, no obstante, sus características propias. O como precisaba el propio Solórzano: “ambas Republicas de Españoles, i Indios, q ya oy mezcladas, constituyen un cuerpo [sic]” (Solórzano de Pereira, 1648, l. III, c. 32, p. 488). Un cuerpo, sí, pero con sus partes bien diferenciadas. O, en otras palabras, juntos pero no revueltos. Por ejemplo, en las instrucciones dirigidas al segundo virrey novohispa- no, Luis de Velasco, el viejo, en abril de 1550, se contenían disposiciones como éstas: 2 In: Hanke, 1976, I, Martín Enríquez de Almanza, Doc. 2, núm. 3, p. 204. 3 Ibid., Luis de Velasco, el hijo, Doc. 2, núm. 6, p. 101. 4 Sonia V. Rose, “El Barroco” in Mayer & Pérez Herrero, 2010. ~ 14 educar en los márgenes. reflexiones a partir de las teorías y de las experiencias prácticas compartidas …porque somos informados que muchas de las estancias de ganados de españoles están en perjuicio de los indios por estar en sus tierras o muy cerca de sus labranzas y haciendas, a cuya causa dichos ganados les comen y destruyen sus sementeras, y les hacen otros daños; […] para remedio de esto, proveeréis que el oidor que fuere a visitar, una de las principales cosas que lleve a cargo sea visitar dichas estancias, sin ser requerido de los indios, y ver si están en su perjuicio de su oficio las mande luego quitar y pasar a otra parte que sean baldíos, sin perjuicio de nadie, pues la bondad de Dios la tierra es tan larga y tan grande que los unos y los otros podrán bien caber sin hacerse daño. (“Instrucción a Luis de Velasco [16 abr. 1550]”, AGI, México, 1089, ff. 179-188).5 Pese a lo que pretenda establecer el relato de la conquista adverso a los europeos conocido como Leyenda Negra, la existencia de la república de indios ante la de españoles no terminó con la disolución de muchas de las costumbres de aquélla. Salvaguardadas al amparo del derecho, en diversas disposiciones de la Recopilación de Leyes de Indias,6 subsistieron muchas instituciones jurídicas indígenas como el cacicazgo, las cajas de comunidad, el repartimiento de los tributos y el arbitrio judicial indiano. Sólo se supri- mió lo que atentara contra la religión católica o los derechos políticos del rey (Dougnac Rodríguez, 1998, p. 3). Alguna de las leyes del ordenamiento iba en el siguiente tenor: Que se guarden las leyes que los Indios tenían antiguamente para su gobierno, y las que se hizieren de nuevo. Ordenamos y mandamos, que las leyes y buenas costumbres, que antiguamente tenían los Indios para su buen gobierno y policía, y sus vsos y costumbres observadas y guardadas después que son Christianos, y que no se encuentran con nuestra Sagrada Religion, ni con las leyes de este libro, y las que han hecho y ordenado 5 In: Hanke, 1976, I, Luis de Velasco, Doc. I, p. 137. 6 Recopilación de Leyes de Indias, t. I, f. 126v. 15 Nobleza educativa y periferias indígenas de nuevo se guarden y executen, y siendo necesario, por la presente las aprobamos y confirmamos, con tanto, que Nos podamos añadir lo que fueremos servido, y nos pareciere que conviene al servicio de Dios nuestro Señor, y al nuestro, y á la conservación y policía Christiana de los natu- rales de aquellas Provincias, no perjudicando á lo que tienen hecho, ni á las buenas y justas costumbres y Estatutos suyos. [sic] (Recopilación de Leyes de Indias, lib. II, tít. I, ley IV).7 Esto era, en esencia, lo que el emperador D. Carlos y la Emperatriz, habían estipulado en Madrid, en 12 de julio de 1530 (Recopilación…, lib. V, tít., II, ley XXII).8 Si se mira con cuidado, en este tipo de disposiciones jurídicas, con todo y el carácter de protección hacia los naturales que entrañan, se hace patente, asimismo, un espíritu diferenciador, cuando menos de epiqueya, de los auto- res del ordenamiento, que buscaban muy probablemente la simplificación de los procesos. Lo que antes hacían los indígenas en materia de estatutos y costumbres, pues que lo siguieran haciendo, aunque fuese tan sólo en provecho de la eficacia procedimental. Pero, de manera curiosa, al interior de la república indiana tenía lugar aún otra diferenciación —en muchos casos sancionada por las Leyes de Indias—, que se remontaba a la infidelidad de los naturales: la diferencia entre nobleza y pueblo bajo o, en otras palabras, entre caciques y macehuales. Por brindar un ejemplo entre muchos: en materia tributaria, las Leyes de Indias establecían que para que “no reciban agravio los Indios en hacerles pagar mas tributos de los que buenamente pueden [sic]” (lib. VI, tít., V, ley XXI),9 se encargaba a los virreyes y presidentes de audiencia que vieran… 7 Ut supra. 8 Recopilación… (1681), t. II, f. 149r. 9 Ibid., t. II, f. 211r. 16 educar en los márgenes. reflexiones a partir de las teorías y de las experiencias prácticas compartidas todos los Pueblos de la Provincia, que se huvieren de tassar, y estèn en nuestro nombre encomendados, o por encomendar, à los descubridores, y pobladores, y el numero de pobladores y naturales de cada pueblo, y calidad de la tierra donde viven, y se informaràn de lo que antigua- mente solian pagar à sus Caciques, y à los otros, que los señoreaban y gobernaban, y asimismo de lo que justamente debieren de pagar de allí adelante… [sic]” (id.).10 Es decir, lo que de antiguo se pagaba a los caciques valía por norma para la tributación tras la introducción de las encomiendas y repartimientos. Y aunque las leyes estipulaban especificar las cosas y calidades que debían tributar, con “tasas claras, distintas, y sin generalidades, especificando todo lo que han de tributar los Indios, y no expressen los Tassadores cosas menu- das, disponiendolo de forma que solo tributen en cada Pueblo dos, ò tres especies de las que en èl se cogieren, y los Indios tuvieren [sic]” (lib. VI, tít., V, ley XXII),11 entre otras disposiciones, había una diferencia importante: los caciques y sus hijos mayores… no pagaban tributo. Estaban “exemptos de pagar tributos, y acudir à mitas12 [sic]” (lib. VI, tít. V, ley XVII),13 costumbre que se remontaba, asimismo, a tiempos de la gentilidad. Estas diferencias entre caciques y macehuales pueden ejemplificarse ad infinitum. En estas notas nos interesan las que tienen que ver con la instrucción y los valores educativos que ya con antelación al arribo de los europeos, existían en el orbe de Anáhuac. Sobre esta materia y ya desde el pasado siglo, han surgido distinciones hasta de naturaleza axiológica. 10 Id. 11 Ibid., f. 211v. 12 Mita, del quechua mit’a (“semana de trabajo”, “turno”), designaba al “repartimiento que en América se hacía por sorteo en los pueblos de indios, para sacar el número correspondiente de vecinos que debían emplearse en los trabajos públicos” (RAE, Diccionario de la Lengua Española, 222001, II, 1516 sub voce MITA). 13 Recopilación…, t. II, f. 210v. 17 Nobleza educativa y periferias indígenas Por ejemplo, el etnólogo francés Jacques Soustelle [1912-1990] que tanta influencia ejerció en los estudiosos del mundo mesoamericano a través de su obra La vida cotidiana de los azteca, al caracterizar las diferencias entre los dos sistemas de educación vigentes en Anáhuac —el Calmecac y el Telpochcalli— comenta precisamente que en este último, la educación “no tenía más objeto que el de formar hombres valientes en la guerra; la enseñanza doctrinal, intelectual y moral tenía muy poca importancia, y los jóvenes en vez de someterse a penitencias y castigos, celebraban fiestas y bailes y tenían amores con las auianime” (las meretrices) (Soustelle, 1956, p. 50). Esto se debía a que el Telpochcalli (literalmente, “casa de muchachos”) era un templo escuela al que acudían sobre todo los plebeyos; mientras que en el Calmecac (lit. “en la hilera de casas”) ingresaban fundamentalmente los nobles. Por muy anecdótico que pueda parecer, estas diferenciación moral en el seno de la nemachtiliztli o educación náhuatl revestirá tanta relevancia que cuando en la Nueva España, en 1724, abre sus puertas el primer convento para mujeres indígenas (de hecho el primero en toda América, pues antes ellas no podían vestir el hábito), fue disposición del fundador, el virrey Baltazar de Zúñiga, Marqués de Valero, que en él ingresaran hijas de caciques, y no otras, por la educación esmerada en lo moral que a la sazón recibían, en reminiscencia de la que acostumbraban en tiempos de su gentilidad (Rocha, 2004, p. 20; 2014, p. 219). Estas diferencias entre indígenas nobles y plebeyos jugarían un papel preponderante en el contexto de la primera evangelización novohispana, y dirigió en buena medida la parenética de los religiosos casi desde los primeros tiempos. Y si bien el yugo suave y la carga ligera del Evangelio a la postre hallaría en los macehuales sus más naturales y propicios destinatarios, a los principios, sobre todo entre los frailes franciscanos, los indígenas de noble ascendencia se avenían mejor a aquel modelo educativo. 18 educar en los márgenes. reflexiones a partir de las teorías y de las experiencias prácticas compartidas Por ejemplo, el franciscano fray Pedro de Gante [1478-1572] —maestro y civilizador de América como lo denominó con acierto Ernesto de la Torre Villar—, uno de los tres primeros frailes Menores que a los principios evangelizaron el Anáhuac, refiere en sus escritos cómo reprendía a los naturales que retornaban subrepticiamente a sus idolatrías, con ocasión de alguna celebración a honras de los ídolos. Las reprehensiones y exhortaciones, empero, funcionaban mejor si penetraban en los oídos de los indios nobles: …les atemorizaba con la justicia, diciéndoles que los había de castigar, si otra vez lo hacían; y de esta manera unas veces por bien y otras veces por mal, poco a poco se destruyeron y quitaron muchas idolatrías a lo menos los señores y principales iban alumbrándose algún poco y conociendo al Señor; y procuraba siempre aficionallos al yugo suave del Señor y a la Corona por buenas palabras y halagos, y otras veces por temores, acon- sejándoles y declarándoles la diferencia sin comparación que había de servir a Dios y a la Corona Real, a servir al demonio y estar tiranizados14 (Torre Villar, 2001, pp. 227-228, subrayado nuestro). Sin embargo, con los macehualtin era algo diferente, o así lo atestiguaba Gante, al menos a partir de 1523, y durante los tres primeros años de la obra evangelizadora: …la gente común estaba como animales sin razón, indomables, que no los podemos traer al gremio y congregación de la Iglesia, ni a la doctrina, ni a sermón sino que huían desto sobremanera, y estuvimos más de tres años que nunca, como tengo dicho, los pudimos atraer, sino que huían como salvajes de los frailes, y mucho más de los españoles (loc. cit.). Tendrían que pasar muchos años para que el de Gante se percatase de la falsa obsequiosidad de algunos de los principales y “señores”, y que la gente 14 “Carta de Fray Pedro de Gante al rey D. Felipe II” (San Francisco de México, 1558). 19 Nobleza educativa y periferias indígenas común —como hemos demostrado en alguna de nuestras obras (Rocha 2010)—, era la providencialmente dispuesta para abrevar de la leche de la fe, que no los pipiltin, con su ascendiente y sus privilegios perdidos. Vencido el obstáculo de la lengua, aquella “teología que de todo punto ignoró S. Agustín” —según confesaba sin reparo uno de los tres primeros franciscanos activos en la Nueva España, aun con anterioridad a los 12 “primeros”: fray Juan de Tecto (Mendieta 1997, II, p. 308;15 cfr. Morales [1991], 210; cfr. Alonso del Val, in Vega Cernuda, 2012 p. 20)—, los Menores se apoyaron en los hijos de los indígenas de noble ascendencia, en quienes reconocían las dotes hasta de virtuales novicios. Gante reconoce que 20 educar en los márgenes. reflexiones a partir de las teorías y de las experiencias prácticas compartidas incluso a los principios de la obra evangelizadora, los vástagos de los indios caciques compensaban la impericia de los frailes en la lengua mexicana: …procuramos venir, y en llegando, con trabajos continuos trabajar en la viña del Señor conforme al talento poco o mucho de cada uno, y conforme a las fuerzas de cada uno y las que el Señor nos había dado, aprendiendo la lengua, cosa cierto en aquel tiempo muy difícil, pues eran gente sin escriptura, sin letras, sin caracteres, y sin lumbre de cosa alguna, ni de donde nos poder favorecer, sino sólo de la gracia de Dios, con la cual fue servido en breve tiempo la supiésemos, y con ello procuramos de recoger los hijos de los principales y señores, y enseñalles la ley de Dios, para que ellos consiguientemente la enseñasen a sus padres y madres y a todos los demás… [sic] (Torre Villar, 2001, p. 226). Como vemos, estos jóvenes indígenas caciques se constituían en un factor de difusión del conocimiento hasta lancasteriano, pues ya instruidos en la parenética de los religiosos, enseñaban a sus familiares más adultos. Por ello, el de Gante siempre se hará rodear de estos jóvenes indígenas a quienes, como a pequeños en Cristo, “daba leche por bebida”. Lo reconoce sin ambages el fraile, ya en 1532, ante el Emperador Carlos V (quien era su pariente): …he trabajado medianamẽte como siervo sy þvecho ẽ la cõfesiõ y doctrina de los naturales, mi oficio ha sido y es enseñarle la doctrina x’ana generalmẽte y darsela a ẽtẽder ẽ su lẽgua esto a los p’nçipios ẽ Tezcuco y Tlaxcala, de seys años a esta parte ẽ mexico y los pueblos comarcanos y otros pueblos mas lexos visitado y trabajado de destruir los ydolos y ydolatrias […] he tenido y tẽgo cargo de eseñar los njños y mochachos a leer y escrevir y pedicar y cãtar en todo esto como yo no soy sacerdote he tenido mas tpo e oportunidad… [sic].16 16 “De Fray de Gante a su Magestad” (Nueva España, 31 oct. 1532), AHN, Diversos-Colecciones, 22, N. 13, f. 1r. ~ ~ ~ 21 Nobleza educativa y periferias indígenas Pero si algo busca poner en claro el de Gante, es la óptima disposición de los indígenas prácticamente “para todo”, virtud que a la postre derivaría en “buenos escryvanos o p[r]edicadores o platicos cõ harto hervor, […] y cātores q podriā cãtar en la capilla […] ta[n] biẽ q si no se vee quiça no se creera. [sic]”.17 Y en junio de 1529, a los padres de Flandes, el de Mura hace saber que… …los nacidos en esta tierra son de bonísima complexión y natural, aptos para todo, y más para recibir nuestra santa fe. Pero tienen de malo el ser de condición servil, porque nada hacen sino forzados, y cosa ninguna por amor y buen trato; aunque en esto no parecen seguir su propia naturaleza, sino la costumbre, porque nunca aprendieron a obrar por amor a la virtud, sino por temor y miedo. Todos sus sacrificios, que eran matar a sus propios hijos o mutilarlos, los hacían por gran temor, no por amor a sus dioses.18 Es necesario advertir que este señalamiento de que los antiguos mexi- canos no obraban por amor a la virtud, es un error de fray Pedro de Gante. Hemos dedicado un libro entero a caracterizar las virtudes morales de los antiguos mexicanos (Rocha, 2003), de su examen se sigue que los hombres de la flor y canto habían alcanzado una especial estatura en lo prudencial. 17 Id. 18 “Otra carta… escrita por fray Pedro de Gante, llamado también de Mura… etc. (San Francisco de México, 7 jun. 1529)” in: Torre Villar, 2001, p. 197. Es interesante la confirmación que sobre los sacrificios de los indígenas obrados por temor y por instigación del maligno brinda, por ejemplo, Bernardino de Sahagún: “la culpa desta tan cruel ceguedad: que en estos desdichados njños, se esecutaba, no se deue tãto imputar ala crueldad de los padres: los quales derramando muchas lagrimas, y con gran dolor de sus coraçones la exercitauan: quanto al crulissisimo odio, de nuestro antiquissimo enemigo satanas: el qual con malignissima astucia, los persuadio atan infernal hazaña [sic]”. Códice florentino (BML, Laur. Medic. Palat. 218), l. II, c. 20 [Exclamación del autor], f. 17v; cfr. Sah., Hist. gral. C. Nva. Esp., l. II, c. 20 [= Sahagún, 2000, t. I, p. 179]. ~ 22 educar en los márgenes. reflexiones a partir de las teorías y de las experiencias prácticas compartidas Empero, no podemos dejar de señalar que los minoritas, desde los primeros tiempos, voltearán la cabeza a los indígenas hijos de caciques, haciendo una selección de entre los vástagos de la nobleza para volcar en ellos sus intenciones educativas más especializadas. De hecho, es posible advertir una distinción por así decirlo hasta de clase social, que inspiraba las conocidas capillas abiertas de los conventos, solución arquitectónica, destinada a la evangelización y doctrina de la ingente cantidad de indígenas del pueblo bajo, porque —como señala fray Toribio de Benavente Moto- linía— “la gente es mucha, y no caben en las iglesias, y por esto tienen su capilla fuera en los patios, porque todos hayan misa todos los domingos y fiestas” (Motolinía, 1971, p. 91).19 Esa “mucha gente” eran macehuales. En efecto, en los conventos, la instrucción elemental implicaba la formación en la doctrina cristiana para todos, infantes y adultos. Pero un nivel más especializado “incluía lectura, escritura, canto y atención a los servicios del templo para los jóvenes pipiltin” (Gonzalbo Aizpuru, 1990, p. 31). Serán estos pupilos los primeros inquilinos de las “escuelas” o “aposentos”20 de los religiosos. Fray Martín de Valencia, al frente de los doce “primeros” franciscanos, y otros religiosos ya reportaban, en 1532, desde Cuauhtitlán, cuál fuese uno de los criterios que normaría sus afanes educativos: 19 Motol. Mem., c. 34. 20 La catequesis conventual a los principios de la evangelización novohispana, ameritó la separación en grupos no sólo por edad y sexo, sino fundamentalmente, y como hemos dicho, por cuestiones de condición social, lo cual influyó incluso en la arquitectura de los cenobios. Los extensos atrios, las capillas abiertas y las denominadas capillas posas se ordenaban a la instrucción de los catecúmenos, pero especialmente a los usos y modos de la educación popular, pues de los hijos de los macehualtin se esperaba que se incorporaran prontamente a las faenas productivas, no bien concluían con su instrucción doctrinal. Pero los nobles o “pipiltin tenían como destino previsible […] ser autoridades en sus respectivas comunidades, por lo que se consideró necesario que recibiesen más instrucción. Para ellos se construyeron unas piezas anexas a los conventos, en el lado norte, a las que los cronistas llamaron «aposentos» y que se destinaron a salones de clases; en muchos casos hubo también dormitorios y refectorio, porque los niños quedaban como internos durante algún tiempo” (Gonzalbo Aizpuru, 1990, p. 35). 23 Nobleza educativa y periferias indígenas …porque el fruto más çierto y durable se esperava, como se ve en los niños, y por quitar de rayz tan mala memoria, les tomamos todos los niños hijos de caçiques y prinçipales […] quanto pudimos, para los criar é yndustriar en nuestros monesterios, y con ellos no poco trabajamos, enseñándoles á leer y escribir y cantar canto llano y de órgano, y decir las oras cantadas […] e imponerlos en todas buenas costunbres christianas y religiosas […] mas ya ellos mismos, fechos maestros é predicadores de sus padres y mayores, discurren por la tierra, descubriendo y distruyendoles sus ydolos… [sic]” (“Carta de Fr. Martín de Valencia y otros religiosos […] al Emperador Carlos V, Cuauhtitlán, 17 nov. 1532 in Cartas de Indias, 2008, p. 56). Y aun antes de los Doce, y a propósito del multicitado fray Pedro de Gante, huelga decir que la escuela anexa a la capilla de san José de los Naturales, estuvo desde siempre asociada con este religioso, quien insistía en la enseñanza de las artes a los indígenas más virtuosos, con especial énfasis en la pintura y en la música. Gante fundaría aquella escuela en 1525, precisamente en los terrenos que otrora ocupara la casa de animales de Motecuhzoma II Xocoyotzin. En las hazañas de Gante se prodiga con fraterno orgullo fray Gerónimo de Mendieta en su Historia Eclesiástica Indiana, con ocasión de relatar cómo se comenzó a enseñar gramática a los indígenas en la mencionada capilla de san José del convento de San Francisco de México, ámbito educativo que era “común recurso para ser enseñados en la doctrina cristiana y en todas las artes y ejercicios que su buen padre y guiador Fr. Pedro de Gante […] procuraba de les imponer” (Mendieta 1997, II, p. 78).21 En estos esfuerzos le haría segunda el francés fray Arnaldo de Basacio, de quien después se hablará, pero que llegó a ser gran perito en la lengua náhuatl. 21 Mend., Hist. Ecl. Ind., l. IV, c. 15. 24 educar en los márgenes. reflexiones a partir de las teorías y de las experiencias prácticas compartidas Será precisamente merced a estos naturales talentos de los indígenas (ponderados también por religiosos de otras órdenes religiosas como el dominico fray Bartolomé de las Casas), que operará en el seno de esta labor educativa y parenética emprendida por los frailes, una separación más, que no podemos en justicia denominar “marginación”, sino en rigor, selección, pues su signo siempre fue el de un rigor exquisito.22 Nos referimos a que, de entre los indígenas, se había privilegiado a los de noble extracción; pero ahora se emprendería una segunda escogencia: lo mejor de lo mejor; una genuina aristocracia pupilar. Mendieta explica que fue tanto el aprovechamiento de los naturales en la mencionada capilla de san José, que el… …virrey D. Antonio de Mendoza (padre verdadero de los indios), dio orden cómo se edificase un colegio en un barrio principal de México, un cuarto de legua de S. Francisco (donde los frailes menores tenemos otro segundo convento con iglesia de la vocación del apóstol Santiago, y el barrio se dice Tlatelulco), para que el guardián de aquel convento tuviese a su cargo la administración del colegio y no embarazase este estudio a los frailes del convento principal (Mendieta, id.). El deseo del virrey Antonio de Mendoza era muy claro, a decir del cronista Mendieta: edificar a su costa el colegio, y dotarlo de estancias y haciendas que poseía, “para que con la renta de ellas se sustentas en los colegiales indios que habían de ser enseñados, y éstos fuesen niños desde diez a doce años, hijos de los señores y principales de los mayores pueblos o provincias de esta Nueva España…” (Id.). Existen muchos referentes cronísticos a la historia de la fundación del colegio de Santa Cruz de Tlatelolco. Mendieta, a quien venimos citando, hace puntual recuento (Mendieta, 1997, II, pp. 78-82), del que se aprovecha, 22 Exquisito procede del latín exquirere que significa: “de entre lo escogido”, “de entre lo buscado”. Es decir: selección sobre selección. 25 Nobleza educativa y periferias indígenas por supuesto, fray Juan de Torquemada en su Monarquía indiana (l. XV, c. 43). Mas aquí deseamos recoger el testimonio del franciscano irlandés e historiador Luke Wadding [1588-1657], mejor conocido como Lucas Waddingus, en sus Anales de los Menores, dedicados a la progresión histórica de los franciscanos en el orbe, si bien los dos párrafos que dedica al colegio están basados en Mendieta. Brindamos nuestra propia traducción de los originales latinos en torno a esta institución educativa: V. Para educar en ese tiempo más cómoda y fácilmente a la juventud indiana, los franciscanos fundaron un colegio en su convento, siendo su principal promotor y protector fray Pedro de Gante; profesor de Gramática, fray Arnaldo de Basacio, francés, varón erudito, perito en la lengua mexicana. Habiendo recibido cartas de Carlos V para que se pusiera todo el empeño en educar a los niños de los indios y se instru- yeran en cuestiones políticas y literarias, el virrey Antonio de Mendoza, muy misericordioso para con los indios, además de benigno y benefactor —por lo que era llamado por muchos Patrón y Padre de los Indios—, tras constatar el progreso en virtud y en letras de muchos adolescentes bajo la disciplina de los frailes (estos mismos que sufrían incomodi- dades y perturbaciones por el conjunto de tantos niños), edificó en aquella región de la ciudad que se llamaba Tlatelolco, a costa del rey, un colegio muy capaz bajo la advocación de la Santa Cruz —junto a otro convento de los mismos frailes llamado de Santiago Apóstol—, a cuyo guardián quiso que fuera encomendado su cuidado y disciplina. Añadió un subsidio anual y todo lo que era necesario para obra tan grande y prescribió las condiciones y las edades de los que iban a ser admitidos en dicho lugar, y quiso que fueran tomados de entre las principales familias, ciudades y emporios de las naciones. En breve tiempo, gracias a los frailes distribuidos en las provincias mexicanas, fueron reunidos más de cien jovencitos que en solemne precesión fueron conducidos del Convento Mayor de San Francisco al Colegio, siendo acompañados por 26 educar en los márgenes. reflexiones a partir de las teorías y de las experiencias prácticas compartidas el virrey, por los Obispos de México y por los frailes de Santo Domingo y casi toda la ciudad. Antes de que saliesen del templo de San Francisco, Francisco Cervantes, Canónigo de la catedral, les dio un sermón; tam- bién lo hizo el hermano Alfonso de Herrera. Otro sermón más les fue dirigido cuando llegaron al templo de Santiago en el comedor de los frailes, donde comieron el virrey y los Obispos (Waddingo, 1736, t. XVI, p. 406;23 cfr. Mendieta 1997, II, pp. 78-7924). Sobre la capacidad y buena disposición de los indígenas ya había escrito Sebastián Ramírez de Fuenleal a la Emperatriz, en 8 de agosto de 1533, señalando que eran tan hábiles que hacían gran ventaja a los españoles (Paso y Troncoso, Epist. Nva. Esp., t. III, p. 118), muy en el espíritu de lo que virtualmente casi todos los frailes de san Francisco solían enaltecer 23 Ann. min. p. 406, § V [Anno Christi 1536/ Pauli III. An. 2. & 3./ Caroli V. Imp. Anno 18./ Relig. min. ann. 329]: “Ea in urbe mexicana hoc tempore facilius & commodius excolendæ juventuti Inidicæ, Minoritæ Collegium in suo fundarunt Cœnobio, præcipuo auctore & curator frater Petro Gandavensi, Grammaticæ instituto professore fratre Arnoldo de Bassacio Gallo, erudito viro, linguæMexicanæ perito. Antonius de Mendoza Prorex, erga Indos summe misericors, benignus & beneficus, propterea a multis vocatus Indorum Patronus & Pater, acceptis a Rege Carolo litteris, ut pueris Indorum excolendis, atque in re política & literaria instruendis, curam omnem impenderet, vidensque plurimum adolescentum sub Fratrum disciplina in virtute & litteraris profectum, & incommodum ac perturbationem, quam ex tot puerorum concursu & frequentia Religiosi patiebantur, Regiis sumptibus ædificavit in ea urbis regione, quæ Tlatilulco vocabatur, Collegium capacissimum, sun titulo sanctæ Crucis, prope alterum Cœnobium eorumdem Fratrum, sancti Jacobi Apostoli nuncupatum, cujus Guardiano curam & præfecturam prædicti Collegii voluit comissam. Addidit insuper annuos census, & quidquid tanto operi erat necessarium, præscripsitque conditions & ætates eo in loco admittendorum, quos ex præcipuis familiis, urbibus, & Nationum emporiis voluit assume. Brevi tempore per Fratres, qui per Mexicanas Provincias errant distributi, collecti sunt ultra centum juvenculi, qui solemni incessu, processional ritu, deducti sunt a Cœnobio majori sancti Franisci ad Collegium, comitantibus Prorege, Episcopis Mexicano, & sancti Dominici, & universa ferme Civitate. Priusquam e Templo sancti Francisci discessissent, sermonem habuit Franciscus Cervantes Canonicus Ecclesiæ Cathedralis; alterum frater Alphonsus de Herrera. Ubi perventum est ad Templum sancti Jacobi, tertium in triclinio Fratrum, in quo manducaverant Prorex & Episcopi”. 24 Mend. Hist. Ecl. Ind., l. IV, c. 15. 27 Nobleza educativa y periferias indígenas entre los indígenas. Esta advertida ventaja, según veremos, acendrará juicios envidiosos sobre el colegio. Continúa relatando Waddingus en su Annales: VI. Mediante las magníficas leyes enviadas, comenzaron a ser educados los niños a compartir en común los alimentos y a llevar la misma ropa. En grandes salas estaban colocados los lechos; dormían todos con la luz siempre encendida y estando presente un prefecto en el cubículo. Tenía cada quien un cofrecito para guardar sus ropas y libros. Recitaban juntos las preces matutinas del oficio de la Virgen María, y antes de ir a acostarse, las otras horas muy temprano. En las festividades cantaban el Te Deum laudamus. Terminadas las horas, oían misa, y de inmediato se dedicaban al estudio. En los días festivos asistían a la Misa Solemne de los frailes y a las Vísperas, y servían en el Ministerio del Altar. Después del susodicho Basacio, los aprendices tuvieron como profesor de Gramática a Bernardino de Sahagún, [quien fungió] durante cuarenta años; de Retórica, a Andrés de Olmos; de Lógica y de Filosofía, a Juan de Gaona, Francisco de Bustamante y Juan Foché, todos, excepto este último, muy peritos en la lengua mexicana, en la que editaron muy úti- les libros. Salieron del Colegio muchos varones de brillante índole que prestaron servicios útiles y honoríficos a su república y nación, de ahí que muchos españoles pusieran numerosos obstáculos a tan laudable trabajo, diciendo que los indios no tenían esa capacidad como para que tanto debiera costar su adoctrinamiento, y que si seguían siendo promovidos a alcanzar ciencias más profundas en ello se escondía el peligro de errores y herejía... (Waddingo, loc. cit.).25 25 Ann. min. p. 406, § VI: “Optimis præscriptis legibus, communi victu, eademque sub veste externa educari cœperunt pueri. Magnis in aulis dispositis lectis, plures dormiebant, accensa semper lucerna, 28 educar en los márgenes. reflexiones a partir de las teorías y de las experiencias prácticas compartidas El propio virrey de Mendoza reportaba, en 1551, y hasta con cierta modestia a su sucesor, el primer virrey de Velasco, la existencia y méritos de este colegio cuya fundación se remontaba al 6 de enero de 1536: En esta ciudad en la parte de Tatelulco [sic], hay un colegio de indios en que se crían cristianamente y se les enseñan buenas letras, y ellos han aprovechado harto en ellas, y mostrándose bien claro si Nuestro Señor no fuera servido de llevarse en la pestilencia pasada los más y más hábiles que había, aunque al presente no deja de haber algunos de los que quedaron que son preceptores en estudios de latinidad, y se halla habi- lidad en ellos para mucho más (“Relación de Antonio de Mendoza a Luis de Velasco al término de su Gobierno [ca. 1550 ó 1551]”, Biblioteca Nacional, Madrid, ms. 3,402).26 La “pestilencia” que evoca el virrey de Mendoza es indudablemente la epidemia de cocoliztli que diezmó a la población indígena entre 1544 y 1545, que con gráfica elocuencia describe, por ejemplo, el Códice Telleriano- Remensis (BNF. Ms. mexicain 385, f. 46v). & præsente cubicula præfecto. Arculam habebat unusquisque recondendis libris & panniculis obseratam. Matutinas precas officii beatæ Mariæ Virginis simul recitabant antequam irent cubitum, reliquas horas summon mane, & in festivitatibus cantabant hymnum Te Deum laudamus. Expletis horis, audiebant sacrum, mox incumbebant studio. Diebus festivis assitebant Missæ solemni Fratrum, & Vesperis, & serviebant in Altaris ministerio. Post prædictum Bassacium lectores habuerunt Grammaticæ Bernardinum Sahaguntinum per quadraginta annos, & Andream de Ulmis Rhetoricæ. Logicæ & Philosophiæ Joannem de Gaona, Franciscum de Bustamante, & Joannem Fucheru, omnes, præter ultimum, linguæ Mexicanæ insigniter peritos, in qua perutiles libros ediderunt. Prodierunt ex hoc Collegio multi florentis indolis viri, qui Reipublicæ suæque Nationi utilem & honoriscam operam præstiterunt. Huis tamen laudabili operi plerique ex Hispanis offendicula posuerunt, dicentes; non illius ese capacitatis Indos, ut tanti deberet constare illorum doctrina; magnumque subesse periculum errorum & hæresis, si ad altiores scientias capessendas promoverentur”. Plene tamen his objectionibus satisfecerunt Fratres, & qui inde prodibant viri, & virtute & doctrina præstantes, re ipsa probabant indigne suam traduci Nationem”. 29 Nobleza educativa y periferias indígenas Empero, el virrey Luis de Velasco, el viejo, traía en sus instrucciones de 16 de abril de 1550, velar más bien por el colegio de mestizos de la ciudad de México, sin alusión expresa al de indios en Tlatelolco, de lo que no se sigue que en esto hubiere descuidado la recomendación que le hiciera su antecesor, el virrey de Mendoza. Al contrario; sabemos por Mendieta de los “años dorados” del colegio indiano… …tiempo en que gobernó su fundador D. Antonio, y después su sucesor D. Luis de Velasco el viejo, que siendo informado no bastaba la renta del colegio para sustentar tantos colegiales, hizo de ello relación al emperador […] y de su mandato les ayudaba cada año con doscientos ducados o trescientos. Más después que el murió, ninguna cosa se les ha dado, ni ningún favor se les ha mostrado, antes por el contrario, se ha sentido disfavor en algunos que después acá han gobernado, y aun deseo de quererles quitar lo poco que tenían, y el beneficio que se les hace a los 30 educar en los márgenes. reflexiones a partir de las teorías y de las experiencias prácticas compartidas indios aplicarlo a los españoles, porque parece tienen por mal empleado todo el bien que se la hace a los indios, y por tiempo perdido el que con ellos se gasta (Mendieta 1997, II, p. 80).27 Esta tristeza del bien ajeno por el indiano colegio y sus pupilos ya era patente en tiempos del virrey de Mendoza, quien con tanto ahínco lo prohijara, pues hace ver que “envidias y pasiones han sido parte para que esto no haya crecido tanto como debiera. V. S. [Luis de Velasco] los favorezca, pues S. M. le envía principalmente para el bien general y particular de estas gentes, porque es gran yerro de los que los quieren ver incapaces para todas las letras ni para lo demás que se puede conceder a otros cualesquier hombres” (“Relación de Antonio de Mendoza…”, ut supra).28 Empero, al pan, pan, y al vino, vino, pues ni el propio “patrón y padre de los indios” recomendaba a la sazón que éstos —como algunos pretendían con entusiasmo—, “aunque sean cuan sabios y virtuosos se pueda desear, se admitan al sacerdocio, porque esto se debe reservar para cuando esta nación llegue al estado de policía en que nosotros estamos…” (Id.) De los numerosos obstáculos y objeciones a la capacidad de los indíge- nas que menciona el hiberno fraile Waddingus y que detectaba el virrey de Mendoza prácticamente desde los inicios del colegio de Santa Cruz de Tlatelolco, hace puntal recuento el padre Mendieta (repetido siempre por Torquemada), pues, como aquél asentaba el “colegio y el enseñar latín a los indios, siempre tuvo sus contradictores” (Mendieta, 1997, II, p. 79;29 Torquemada, 1723, IIIa. pte., p. 11430). En primer lugar, los detractores decían que la enseñanza del latín a los naturales no era de ningún provecho 27 Mend., Hist. Ecl. Ind., l. IV, c. 15. 28 In: Hanke, 1976, I, p. 41. 29 Mend., Hist. Ecl. Ind., l. IV, c. 15. 30 Torq. M. ind., l. XV, c. 43. 31 Nobleza educativa y periferias indígenas para la república; en segundo lugar, que el conocimiento de esta lengua podía llevar a los indígenas a errores y herejías, así como alborotar a los pueblos. Y en tercer lugar, que al siendo peritos en latín los naturales bien podían advertir los errores en los que incurrían los propios religiosos al oficiar. Y de estos dice Mendieta que serían los padres “no muy letrados, o por mejor decir, poco latinos, temiendo que en sus misas y oficios de la iglesia les notasen los indios sus faltas” (Mendieta, 1997, II, pp. 80-81;31 Torquemada, 1723, IIIa. pte., p. 114).32 Singularmente, ante el señalamiento del poco provecho que se sacaba en así educar a los naturales, el autor de la Historia Eclesiástica Indiana redarguye ser falso… porque con estos colegiales latinos aprendieron su lengua perfectamente por arte los que bien la supieron, y con ayuda de ellos tradujeron en la misma lengua las doctrinas y tratados que han sido menester para enseñamiento de todos los indios, y los impresores con su ayuda los han impreso, que de otra manera no pudieran. Demás de esto, por su habilidad y suficiencia han ayudado más cómodamente que otros a los religiosos en el examen de los matrimonios y en la administración de los otros sacra- mentos (Mendieta, 1997, II, p. 80; Torquemada, 1723, IIIa. pte., p. 114). Lo que afirma Mendieta es confirmado por otro franciscano quien hizo especial síntesis de la sabiduría ética del México antiguo: fray Juan Bautista de Viseo, de quien sabemos más bien poco. En una de sus obras consagrada a brindar a los minoritas elementos para sermonear a los naturales en la len- gua náhuatl —trabajo dado a las prensas en México, el último año del siglo XVI—, fray Juan Bautista reconoce el mucho auxilio con el que contó en las personas de indígenas de la multicitada escuela tlatelolca: 31 Mend., ubi supra. 32 Torq., ubi supra. 32 educar en los márgenes. reflexiones a partir de las teorías y de las experiencias prácticas compartidas He me ayudado en esta obra de algunos naturales muy ladinos, y hábiles: especialmente de vn Hernando de Ribas (de los primeros hijos del Colegio Real de Santa Cruz, que està fundado en el Conuento de Santiago Tlatilulco en Mexico) natural de la Ciudad de Tetzcuco, muy gran latino, y que con mucha facilidad traduzia qualquiera cofa de Latín, y de Romance en la lengua Mexicana: atendiendo mas al sentido, que ala letra: el qual me escriuiò, y traduxò de cosas diuersas mas de treynta manos de papel. Muriò el ano de nouenta y siete, a onze de Setiembre: y tengo para mi, que le pagò nuestro Señor sus fíeles trabajos; por que era Yndio muy buen Christiano, muy aficionado alas cosas de nuestra sancta fee Catholica, y a enseñar alos Religiosos la lengua Mexicana, para honra y seruicio de nuestro Señor. Con fu ayuda compuso el Padre fray Alonso de Molina el Arte, y Vocabulario Mexicano, y el Padre fray loan de Gaona los Dialogos de la Paz, y tranquilidad del alma: [sic] ([Viseo] 1600, 1ª. pte., Prólogo). Oportuna la mención de fray Juan Bautista, pues el padre Molina no da crédito a don Hernando de Ribas. Antes bien reclama para sí toda la gloria cuando en el prólogo de la segunda parte de la mencionada obra habla de su industria en “componer estotro Vocabulario que comiença en lengua Mexicana: el qual me ha costado el trabajo que nuestro señor sabe, y los que lo entienden podran imaginar [sic]” (Molina, 1970 [1571], 2ª. pte. Prólogo al lector). Y en la epístola nuncupatoria a los dos volúmenes, donde confiesa “atreuerme y presumir dedicar y ofrecer [sic]” (Molina, 1970 [1571], Ep. nunc.) al virrey Martín Enríquez de Almanza, dice haber procedido “según la gracia y talento, que nuestro señor me ha comunica- do” (id.), sin siquiera acordarse de aquel indígena políglota tezcocano a quien tanto debía. Fray Juan Bautista también celebra a un tal “Don Juan Bernardo natural de Huexotzinco, pero criado en el Colegio de Tlatilulco, y despues vezino 33 Nobleza educativa y periferias indígenas de la Villa de Quaunahuac por muchos años [sic]” ([Viseo] 1600, 1ª. pte., Prólogo), fallecido en 1594 de quien dice que era muy “buen latino, y que escriuia cartas en latin (aunque llano) muy congruo, y apacible, que daua contẽto a qualquiera que las leya… [sic]”; (id.) o Diego Adriano, natural de la propia ciudad de Tlatelolco, en quien el fraile asimismo encarece haber sido… muy gran latino, y tan habil, que aprendiò a componer en la Emprenta en qualquier lengua, tan bien, y tan expeditamente, como lo pudiere hazer qualquier Maestro que fuera en este Arte. Tambien traduzia qualquiera cosa de Latin en mexicano, con mucha propiedad: tenia tan buena elec- tion, y era tan acertado, que traduzia hartos quadernos sin echar vn solo borron, ni enmendar cosa [sic] (loc. cit.). Testimonio éste que da cuenta hasta de cierto genio en la latinidad, así como que algunos indígenas supervisaban el montaje de los tipos en la imprenta. Y estos dos entre más ejemplos que brinda fray Juan Bautista y de los que luego se hablará. Otro franciscano célebre, Bernardino de Sahagún, a quien se considera el padre de la antropología y etnología americana, sí que da crédito a sus informantes indígenas en cierto lugar del Códice florentino, manuscrito que es mejor conocido como Historia general de las cosas de la Nueva España. La intervención de estos naturales fue de tal índole, que en justicia habría que considerarlos a ellos como lo autores de aquel vasto corpus, que no al religioso, quien habría desempeñado más las funciones de un moderno editor o coordinador, sin por ello restarle gran mérito. Refiere Sahagún en el prólogo al libro II de su vasto corpus de las antigüedades indianas que, para redactarlo, primeramente le señalaron los señores indígenas de pueblos como Tepepulco (en el actual estado de Hidalgo): 34 educar en los márgenes. reflexiones a partir de las teorías y de las experiencias prácticas compartidas hasta diez, o doze principales ancianos: y dixeronme, que con ellos, podía comunicar, y que ellos me darían razón, de todo lo que les pregu- natase. Estauan también alli, hasta quatro latinos: a los quales, yo pocos años antes auja enseñado, la gramatica, en el colegio de santa cruz, en el tlatilulco. Con estos principales, y gramaticos, también principales, platique muchos días, cerca de dos años, siguiendo la orden, de la mjnuta, que yo tenja hecha: todas las cosas que conferimos, me las dieron por pinturas, que aquella, era la escriptura, que ellos antiguamente vsauan: y los gramáticos las declararon en su lengua, escrjujendo la declaration, al pie de la pintura: tengo aun agora estos originales. Tambien en este tiempo, dicte la postilla, y los cantares: escrjujeronlos, los latinos, en el mismo pueblo de tepepulco [sic]” (Códice florentino [Cod. Medic. Palat. 218], l. II, pról., f. 1v). En otra parte de los manuscritos del fraile, en el Códice Matritense de la Real Academia de la Historia, donde se habla de enfermedades y sus remedios, se brinda crédito a varios titici (médicos) indígenas que revisaron lo escrito: Yehoantin hin yn oquicxitocaque yn hin ticiamatl mochintĩ mexica.33 Juo perez, de San pablo pedro perez. de san Juan Pedro hernandez. de s. Juan Joseph hernandez. de s Juan Miguel garcia de s. sebastian | fran.co de la Cruz. Xivitonco. Balthasar xuarez. de. s. Sebastian Antonjo martinez. de. s. Juan [sic] (CRAH, ff. 172r-v).34 35 Nobleza educativa y periferias indígenas Reconocimiento que con el tiempo, pasó también al final del capítulo 28 del libro X del Códice florentino, donde el minorita se ocupa de la misma materia: Lo sobre dicho fue examjnado [por]: los médicos mexicanos, cuyos nombres se siguen. Juan perez de sanct Pablo. Pedro perez, de sanct Joan. Pedro hernandez, de san Joan, Joseph hernandez, de san Ioan. Miguel garcia, de san Sebastian fran.co de la Cruz, xivitonco. Balthasar Juarez, de san Sebastian, Antonio Martínez, de san Ioan [sic]” (Códice florentino, [Cod. Medic. Palat. 220], l. X, c. 28, f. 113v). 36 educar en los márgenes. reflexiones a partir de las teorías y de las experiencias prácticas compartidas En otra sección del valioso manuscrito de Florencia, no bien termina Sahagún la relación “de las hierbas medicinales y de las otras cosas medi- cinales arriba contenidas”, da crédito a informantes indígenas que no eran colegiales en Santa Cruz, la mayoría de los cuales, por los mismo, ni siquiera sabían escribir: …los medicos de Tlatelulco Sãtiago, viejos y muy esprimentados en las cosas de la medicina, y que todo[s] ellos curan públicamente, los nombres de los quales y del escriuano que los escriujo se siguen. Y porque no saben escriujr rogaron al escriuano q pusiese sus nombres. / Gaspar mathias / Pedro de sãtiago / Francisco Symon vecino de la concecion / veci. de san Ines / veci. de sa.to Toribio/ / Miguel damjan, / felipe hernandez / Pedro de rraquena Ve. de s.to toribio / v.o de sancta Ana / v.o de la cõcepn / Miguel garcia / Miguel motolinja v.o de santo toribio / v.o de sacta Ines. [sic] (Códice florentino, [Cod. Medic. Palat. 220], l. XI, c. 7, §. 5, ff. 180v-181r). Se echa de ver del examen del método sahaguniano que estos indígenas que una mirada occidentalmente distorsionada y paternalista podría consi- derar como entes periféricos o satelitales, constituían la esencia misma del conocimiento que los religiosos llevaron a los folios; y no sólo la materia de aquel saber, pues los naturales interpretaban, traducían, escribían… Tanto Sahagún como Juan Bautista celebran la excelencia del colegio de Santa Cruz de Tlatelolco. El primero enaltece en particular a los indígenas más aventajados de aquel instituto quienes le auxiliaron en la redacción y compilación de su obra enciclopédica. El propio método sahaguniano requería de la industria y diligencia de estos inteligentes espíritus. Ya está narrada su actividad en Tepepulco; pero al término del provincialato de fray Francisco de Toral [1502-1571] —quien impuso a Sahagún, en 1558, ~ 37 Nobleza educativa y periferias indígenas la tarea de historiar las antigüedades indianas—, el fraile fue trasladado el propio colegio tlatelolca. Ahí continuaría sus investigaciones con apoyo en el fecundo diálogo con los indígenas nobles y la asistencia de los impres- cindibles colegiales: …me mudaron de tepepulco, lleuando todas mis escrituras, fuy a morar a sanctiago, del tlatelulco: donde juntos los principales, los propuse el negotio, de mjs escrituras, y los demande me señalasen algunos princi- pales hábiles, con qujen examjnase, y platicase las escripturas, que de tepepulco traya escriptas. El gouernador con los alcaldes, me señalaron, hasta ocho, o diez principales, escogidos entre todos, muy habiles en su lengua, y en las cosas de sus antiguallas: con los quales, y con quatro, o cinco colegiales, todos trilingues: por espacio de vn año, y algo mas encerrados, en el colegio: se enmendó, declaro, y añadió, todo lo que de tepepulco truxe escripto: y todo se torno, a escriuijr de nueuo, de ruyn letra, porque se escrijuio, cõ mucha priesa: en este escrutinjo, o examen el q mas trabaxo, de todos los colegiales, fue martin Jacobita, que entonces era rector del colegio, vezino del tlatilulco, del barrio de sanctana [sic] (Códice florentino [Cod. Medic. Palat 218], l. II, pról., f. 1v). Se acepta que estos manuscritos en los que tanto trabajó Martín Jacobita, concluidos a finales de 1564 y principios de 1565, constituyen buena parte de los Códices Matritenses de la Real Academia de la Historia (Bustamante García 1990: 305), BRAH, sign. 9/5524, concretamente a partir del f. 88r. Estos materiales son consultables en línea.35 El múltiples veces aducido fray Juan Bautista Viseo, además de los ya mencionados, hace reminiscencia aún de otros aventajados discípulos del colegio de Santa Cruz. En el Prólogo a la primera parte de su Sermonario recuerda, con gratitud a: 35 Vid. supra nota 34. ~ 38 educar en los márgenes. reflexiones a partir de las teorías y de las experiencias prácticas compartidas Don Francisco Baptista de Contreras, (que al presente es Gouernador de la Ciudad de Xuchimilco) hijo del dicho Colegio, y natural de la Villa de Quauhnahuac, es muy habil, particularmente con la pluma en la mano, escriue en nuestra lengua Castellana cartas tan bien ordenadas, que hombres muy discretos se marauillan de leerlas, y huelgan mucho con ellas: este tambien me ha ayudado particularmente en acabar el Contemptus mundi, (q ya se ha comencado a imprimir) y en la traducion del Libro de las Vanidades del Mundo, que mediante el fauor diuino saldran pronto a luz: y en otras muchas cosas [sic] ([Viseo], 1600, 1ª. pte., Prólogo). Pero con todo y la gratitud que le profesa a Contreras en el Sermonario, fray Juan Bautista no lo menciona, por ejemplo, en el Libro de la Miseria y breuedad de la vida del hombre, que no parece ser otro que el Libro de las vanidades que anticipaba el fraile, obra que finalmente aparecería impresa en 1604, por Diego López Dávalos ([Viseo], 1604). En su Prólogo Dedi- catorio del libro que el fraile consideraba el “primogénito de mis trabajos, y mayorazgo de los demás [sic]” ([Viseo], 1604, pról.), no se asoma ni por equivocación el indio Francisco Baptista. No así el oidor Sanctiago de Riego, su mecenas y a quien dedica la obra. A él si le reconoce que “todas las demás obras, y libros que hasta agora he impreso, voy imprimiẽdo, y adelante con la ayuda de N. Señor imprimiere, tiene principio del bien y merced que V. md. Me ha hecho [sic]” (loc. cit.). También debió haber escrito, en justicia: “con la ayuda de los indígenas”, lo cual a la postre sí asentó… pero en otra obra. Fray Juan Bautista enaltece, asimismo, en su Sermonario a: Esteuan Brauo (hijo tambien del dicho Colegio de sancta Cruz) fue natural de Tetzcuco de sanct Diego Tlailotlacan, que esta media legua de la Ciudad de Tetzcuco, me a ayudado en este trabajo, el qual fue muy latino, y traduzia qualquier cosa de Romance, y de Latin en la lengua ~ 39 Nobleza educativa y periferias indígenas Mexicana, con tanta abundancia y multitud de vocablos, que pone admiracion, y algunos se pagan desto notablemente: aunque a mi no me à contentado tanta copia, y assi è ido cortando lo que me à parecido superfluo en las cosas que de su lengua e tomado. [sic] ([Viseo], 1600, 1ª. pte., Prólogo). Pero quizá el hijo más célebre del colegio de Santa Cruz de Tlatelolco haya sido Antonio Valeriano, amén de uno de los más connotados latinistas que haya surgido del orbe indiano de Anáhuac. El franciscano Juan de Torquemada lo enaltece mucho, como maestro que había sido de él en el complicado arte del náhuatl: Don Antonio Valeriano, Indio, Natural del Pueblo de Azcaputzalco, vna legua desta Ciudad, Governador de la parte de San Juan, que llaman Tenuchtitlan, que aviendo salido buen latino, Logico, y Filosofo, sucedió à sus Maestros […] en leer la Gramatica, en el Colegio, algunos Años: y después de esto fue elegido por Governador de Mexico, y Governò mas de treinta y cinco Años, à los Indios desta Ciudad con grande acepta- cion de los Virreies, y edificacion de los Españoles: y por Hombre de mui buen Talento, tuvo noticia el Rei dèl, y le escriviò vna Carta mui favorable, haciendole en ella mucha merced: el qual murió el Año de mil y seiscientos y cinco: y à su Entierro, que fue en el Convento de San Francisco, en la Capilla de san Jospeh, se hallaron muchos Gentios, asi de Indios, como de españoles, y fueron los Colegiales deste Colegio, à asistir en èl, porque avia sido Lector dèl […] y su Cuerpo llevaron en ombros los Religiosos, desde la entrada del patio, hasta la Sepultura, saliendo à recibir su Cuerpo, toda la Comunidad, como quien tanto lo merecia [sic] (Torquemada, 1723, pp. 114-115).36 36 Torq. M. ind., l. XV, c. 43. 40 educar en los márgenes. reflexiones a partir de las teorías y de las experiencias prácticas compartidas Este entierro de Valeriano en la Capilla de San José, al que asistió un nutrido contingente de dolientes de ambas repúblicas, así como de alum- nos del colegio de Santa Cruz, reviste un especial simbolismo, pues junto aquel templo, cual hemos dicho, había iniciado la escuela de fray Pedro de Gante para los naturales; una forma de restituir a aquellos cimientos no sólo arquitectónicos sino educativos, los restos mortales de uno que había sido de los más dignos exponentes de la intelectualidad indígena. Fray Juan Bautista de Viseo, por su parte, dedica a Valeriano un amplio apartado en el prólogo de su Sermonario, al tiempo que reproduce un fragmento de la última carta que el indígena le escribió en latín, y la inserta por ejemplo de “su suficiencia en su edad florida [sic]” ([Viseo], 41 Nobleza educativa y periferias indígenas 1600, 1ª. pte., Prólogo). No reproducimos aquí la dicha epístola, mas sí el juicio en torno a aquella tan celebrada suficiencia que suscitaba enco- miásticas analogías: …natural de Azcaputzalco, gouernò a los Yndios Mexicanos por espacio de mas de treinta años con gran prudencia, y rectitud, y murió el año pasado de mil, y seiscientos y cinco por el mes de Agosto: fue también hijo del dicho Colegio de sancta Cruz, y vno de los mejores latinos, y rethoricos que del salieron (aunque fueron muchos en los primeros años de su fundacion) y fue tan gran latino, que hablaba extempore (aun en los vltimos años de su vejez) con tanta propiedad, y elegancia, que parecía vn Ciceron, o Quintiliano. […] El qual me ayudo muy bien, assi en cosas particulares que le consultè, como en la Ethimologia, y significación de muchos vocablos, cuya declaracion va inserta en el cuerpo del Sermo- nario, para mayor consuelo de los Ministros, que sin trabajo los hallen [sic] ([Viseo] ubi supra). Por su parte, cuando fray Bernardino de Sahagún relata en el Códice florentino cuáles hayan sido los cedazos por los que se cernieron sus obras, evoca, una vez más, a los colegiales de Santa Cruz, y en particular a Valeriano. En efecto, tras su estadía en Tlatelolco, Sahagún pasa junto con todas sus escrituras, al convento de San Francisco de México, apenas a una legua de ahí. Ahí trabaja y enmienda sus notas durante tres años, dividiéndolos en los conocidos doce libros de su célebre Historia general. Y narra fray Bernardino sus avatares: Despues desto, siendo proujncial, el padre fray Miguel Nauarro: y guar- dian del conuento de mexico, el padre diego de mendoça, con su favor se sacaron en blanco, de buena letra, todos los doze libros, y se enmendo, y saco en blanco la postilla, y los cantares: y se hizo vn arte, de la lengua mexicana, con vn vocabulario apendiz: y los mexicanos emendaron, y 42 educar en los márgenes. reflexiones a partir de las teorías y de las experiencias prácticas compartidas añadieron muchas cosas, a los doze libros, quando se yua sacando en blanco. De manera que el primer cedaço, por donde mis obras se cernje- ron | fueron los tepepulco: el segundo, los de tlatilulco: el tercero, los de mexico: y en todos estos escrutinjos, vuo gramaticos colegiales. El principal y mas sabio, fue antonjo valeriano, vezino de azcaputzalco: otro poco menos, que este fue Alonso vegerano, vezino de quauhtitlan: otro fue martin jacobita […]: otro, pedro de san buenauentura, vezino de quauhtitlan: todos expertos en tres lenguas, latina, española, y indiana [sic] (Códice florentino [Cod. Medic. Palat 218], l. II, pról., ff. 1v-2r).37 Empero, Valeriano era muy celebrado también por la belleza de sus escritos en náhuatl culto, cuyo máximo exponente acaso sea la narración de las mariofanías de la Virgen de Guadalupe en el Tepeyac, conocida como Nican mopohua (“Aquí se narra”), texto cuya autoría le atribuía Carlos de Sigüenza y Góngora (Sigüenza y Góngora, 1928, 60, c. X, § 114) y, con él, la gran mayoría de los autores. Este náhuatl culto y refinado se denominaba tecpillatolli o “habla noble”. Paradójicamente, y pese a todos los testimonios sobre él arriba consignados, parece que el ilustre don Antonio… no era noble. De él dice Fernando Alvarado Tezozomoc en la Crónica mexicayotl: “…tlacatl D.n Antonio Valeriano amopilli zan huey momachtiani Colegial Latin tlatolli quimatia Azcapotzalco” (Alvarado Tezozomoc, 1992, 171, núm. 356), es decir: “…el señor don Antonio Valeriano, no era noble, solamente un gran sabio, colegial, lengua latina, que moraba en Azcapotzalco”. Amo pilli, “no noble”, podrá haber sido; pero comportaba una nobleza más auténtica: la de la sabiduría y la elevación del carácter. 37 Sahagún, en el mismo lugar, también menciona a los escribanos indígenas que sacaron todo de buena letra todas las obras del fraile: “Diego de grado, vezino de tlatilulco, del barrio de la conception. Bonifacio Maximiliano, vezino de tlatilulco, del barrio de sanct martin. Matheo seuerino, vezino de suchimjlco, de la parte de vllac [sic]” (Ubi supra, f. 2r). 43 Nobleza educativa y periferias indígenas Uno de los frutos intelectuales de aquel colegio de Santa Cruz de Tlatelolco es el denominado Libellus de medicinalibus indorum herbis,38 manuscrito de 1552 que es, por cierto, el primer tratado de farmacopea escrito en América. Y es, justamente, obra de dos indígenas de habla náhuatl que pasaron por aquellas aulas: Martín de la Cruz y Juan Badiano. Ambos nombres india- nos se enlazan en la denominación de este documento el cual, en 63 folios de 25.2 por 15 cm, contiene la descripción de 185 plantas americanas, así como diversos usos terapéuticos y medicamentosos relacionados con ellas: el Códice De la Cruz-Badiano. A lo largo de la historia ha transitado por diversos repositorios del mundo, entre los que se cuentan la Biblioteca del Real Palacio en Madrid y la Biblioteca Apostólica Vaticana. Martín de la Cruz, el autor del texto, era un indígena nacido en Tlatelolco, hacia finales del siglo XV. Como hombre de noble ascendencia, habría ingresado en el Calmécac, en tiempos de la infidelidad. Pero ya bajo la ley evangélica, aproximadamente a sus 50 años, ingresaría en el ya mencionado Colegio Imperial de la Santa Cruz de Tlatelolco. Ahí actuaría como tícitl (médico) o “curandero”. Antes de 1552, habría escrito un amatoce huaxi- huipactli, es decir: un herbario indígena, en lengua mexicana. 44 educar en los márgenes. reflexiones a partir de las teorías y de las experiencias prácticas compartidas Otro indígena, Juan Badiano [1484-1560], nacido en Chililico, hoy Barrio La Santísima, en Xochimilco, por ser descendiente, asimismo, de nobles, ingresaría a sus 51 años, en el mismo colegio. Ahí aprendería no sólo el español, sino con excelencia el latín, al tiempo que conocería a su coetáneo Martín de la Cruz. En 1552, por comisión de fray Jacobo de Grado (por entonces encar- gado del colegio de Santa Cruz), Badiano realiza la traducción al latín del herbario de De la Cruz, con la intención de obsequiarlo nada menos que a Francisco de Mendoza, hijo del fundador del colegio, el virrey Antonio de Mendoza, quien a su vez quería hacerlo llegar a Carlos V. 45 Nobleza educativa y periferias indígenas No repararemos aquí en las maravillas de aquellos folios, ni en su materia médica ni botánica, sino en la dedicatoria del autor, el tlatelolca Martín de la Cruz, vuelta a un latín congruo y elegante por el xochimilca Juan Badiano, texto nuncupatorio en el que se refleja aquello que José Luis Guerrero Rosado denominaba “la elegancia de la modestia” de los indígenas, virtud que sólo confiere la genuina sabiduría. Dirigiéndose a Francisco de Mendoza, las palabras del indígena hablan por sí mismas; y doblemente, pues es voz tanto del autor como del traductor. Las tomamos directamente del códice: Non enim alia de causa, ut ego quidem suspicor, hunc libellum herbarium & medicamentarium tantopere efflagitas, quam ut Indos apud Sacram Cesaream Catholicam regiã maiestatem, & inmeritos, commendes. Vtinam librum regis conspectu dignum Indi faceremus, hic enim prorsus indignis- simus est, qui ueniat ante conspectum tantę maiestatis. Sed memineris, nos misellos pauperculos Indos omnibus mortalibus inferiores esse: & ideo ueniam nostra à natura nobis insita paruitas & tenuitas meretur [sic] (Libellus de medicinalibus…, f. 1v).39 Lo que el P. Ángel María Garibay ha traducido con una elegancia análoga a la del original: Pues no creo que haya otra de que con tal insistencia pidas este opúsculo acerca de las hierbas y medicinas de los indios, que la de recomendar ante la Sacra Cesárea Católica y Real majestad a los indios, aun no siendo de ello merecedores. / Ojalá que este libro nos conciliara gracia a los indios ante la Real Majestad: cierto es muy indigno de comparecer 39 El amable lector puede consultar este valioso manuscrito en línea, merced a la Mediateca del INAH: https://mediateca.inah.gob.mx/repositorio/islandora/object/codice:851#page/8/mo- de/1up 46 educar en los márgenes. reflexiones a partir de las teorías y de las experiencias prácticas compartidas ante sus ojos. / Ten presente, señor, que nosotros los indios, pobrecillos y miserables, somos inferiores a todos los mortales y por esta nuestra pequeñez e insignificancia natural, merece indulgencia (Garibay in De la Cruz, 1996, vol. I, 13). Ante tamaña expresión de modesta elegancia, difícil es agregar algo más. Hemos visto que la gran mayoría de las obras de los evangelizadores, sino es que todas, deben mucho a estos indígenas de rancio abolengo. Orillados las más de las veces a las periferias en la vorágine de la conviven- cia de dos mundos, y luego separados aún más por la nobleza de la sangre, los naturales del otrora orbe de Anáhuac se diferenciarían merced a una selecta educación, por la que los celebrarían religiosos, virreyes y monar- cas. Con todo, así fuere hasta por obsequiosa diplomacia, se humillaban y empequeñecían cual si fuera verdad aquella “insignificancia natural” de la que hablaba el indio Martín de la Cruz. Era como si moderando el amor a la propia excelencia (que no en otra cosa consiste la virtud de la humil- dad), estos colegiales indígenas, gramáticos trilingües, se devolvieran a la muchedumbre indiana por obra de su sola virtud moral. Interesante, por otro lado, sería que Antonio Valeriano, cual refiere Tezozomoc, en efecto no hubiese sido noble, aunque haya descollado en Santiago Tlatelolco como el que más. Pues, a final de cuentas, no hay mayor nobleza que la educación. K’ung-fu-tzu, hace 25 siglos, pensaba que la educación lograba que fuésemos diferentes y nos alejáramos de la uniformidad conferida por la naturaleza. Pero también pensaba que ahí donde existe educación, a la postre, no existe distinción de clases (In: Giles [ed.], 1910, p. 105). 47 Nobleza educativa y periferias indígenas Referencias Bustamante García, J. (1990). Fray Bernardino de Sahagún. Una revisión crítica de los manuscritos y de su proceso de composición, México: UNAM, Instituto de Investigaciones Bibliográficas, Biblioteca Nacional, Hemeroteca Nacional. Cartas de Indias. (2008) = Cartas de Indias, facsimilar de la Madrid de 1877, nota preliminar de Andrés Henestrosa, México: Ed. Miguel Ángel Porrúa. Cartas de Relación. 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Politica Indiana, sacada en lengva castellana de los tomos del Derecho, i Gobierno Mvnicipal de las Indias Occidentales qve mas copiosamente escribió en la latina, el Dotor Don…, Caballero del Orden de Santiago, del Consejo del rey Nuestro señor en los Supremos de Castilla, i de las Indias. Por el mesmo avtor…, etc., Con dos Indices muy distin- tos, i copiosos, uno de los Libros, i Capitulos en que se divide: i otro de las cosas notables que contiene. Con Privilegio, En Madrid: Por Diego Díaz de las Carrera. Año M. DC. XLVIII [1648]. Obra consultada en línea a través de Internet Archive: https://archive.org/details/ A052260028/page/n6/mode/1up Soustelle, J. (1956). “Apuntes sobre la psicología y el sistema de valores en México antes de la Conquista”, Estudios Antropológicos publicados en homenaje al doctor Manuel Gamio, México: UNAM. Tezozomoc, F. A. (1992). Crónica mexicáyotl, traducción directa del náhuatl de Adrián León, México UNAM, Instituto de Investigaciones Históricas [Primera Serie Prehispánica / 3]. Torquemada, J. de (1723). Tercera Parte de los Veinte I Vn Libros Rituales I Monarchia Indiana, con el origen y guerras, de los Indios Occidentales, de sus Poblaçones, Descubrimiento, Conquista, Conuersion, y otras cosas marauillosas de la mesma tierra distribuidos en tres tomos. Compuesto por… Ministro Prouincial de la Orden de Nuestro Serafico Padre San Francisco En la Prouincia del Santo Evangelio de Mexico en la Nueba España… Con Privilegio. En Madrid, en la oficina y a costa de Nicolás Rodríguez Franco. Año de… [Viseo], J. B. (1600). A Iesv Christo S. N. ofrece este Sermonario en Lengua Mexicana, su indigno sieruo Fr. … de la Orden del Seraphico Padre sanct Francisco, de la Prouincia del sancto Euan- gelio. Primera Parte. En Mexico, con licencia. En casa de Diego Lopez: y a su costa. Año de… Consultada en línea, a través del portal de Internet Archive: [Viseo], Fray Ioã Baptista (1604). Libro de la Miseria y breuedad de la vida del hombre: y de sus quatro postrimerias, en lengua Mexicana. Compuesto por el Padre… de la orden del Seraphico Padre S. Franciscco, Lector de Theologia, y Diffinidor de la Prouinica del Sancto Euangelio. Dedicalo al Doctor Sanctiago del Riego, del consejo del Rey N. S. y su Oydor en esta Real Audiencia de Mexico. En México: En la emprenta de Diego Lopez Daualos, y à su costa. Año de 1604. Obra consultada en línea, a través del portal de Internet Archive: https://archive.org/details/ librodelamiseria01juan/page/n3/mode/2up 51 Nobleza educativa y periferias indígenas Waddingo, L. (1736). Annales minorum seu trium ordinum A. S. Francisco Institutorum, auctore a R.P…. S.T. Lectore Jubilato, & Ordinis Chronologo, Tomus XVI, Editio secunda, locupletior, et studio R.n P. Josephi Mariæ Fonseca ab Ebora, Ord. Minor. Scriptoris & Ex-Generalis, S. & Univers. Inquisitionis Consultoris, Sac. Congreg. Consistor. Votantis, Episcoporum Examina- toris, & apud S. Sedem tractandis Lusitanis Rebus Præfecti &c., Romæ: Typis Rpchi Bernabò MDCCXXXVI. Superior permissu. cum privilegio Summi Pontificis. Consultados en línea: 52 UN ESPACIO PARA LA MORIGERACIÓN DE LAS COSTUMBRES DEL NIÑO DESVALIDO. EL COLEGIO CORRECCIONAL DE SAN ANTONIO (1840-1872) Mónica del Carmen Meza-Mejía Escuela de Pedagogía, Universidad Panamericana, México Introducción El presente trabajo es parte de una investigación más amplia, que abarca la vida de una institución que comenzó siendo de corrección y con los años se transformó en una educativa. El periodo que delimita el escrito (1840-1872) obedece a la primera etapa del establecimiento. En ella, se forja la primera casa de corrección para jóvenes delincuentes de ambos sexos, siguiendo una novedosa teoría de las prisiones: la de la prevención y la de la corrección, la cual proponía separar a los menores desvalidos, vulnerables al vicio y a la criminalidad, de los adultos convictos. El centro correccional se transformó en 1865 en el Colegio de San Antonio, para procurar a los menores menes- terosos, que deambulaban por la capital mexicana, la morigeración de las costumbres que se consideraban “desviadas”, por medio de la instrucción y el aprendizaje de algún oficio. La finalidad última era que, al cumplir la mayoría de edad, los jóvenes pudieran articularse en la sociedad, conforme a las pretensiones que la clase gobernante y las élites sociales y económicas, tenían para ellos en el contexto del Estado moderno y el progreso nacional. A partir de lo anterior, la investigación tiene como objetivos, describir al menor en condición de infractor, menesteroso y vago, sujeto de morige- ración. Después, se busca explicar el proyecto de regeneración social del 53 Un espacio para la morigeración de las costumbres del niño desvalido. el colegio correccional de san antonio (1840-1872) corrigendo y su paulatina transformación hacia un centro más preventivo que correctivo. Por último, mostrar el discurso que la clase gobernante y las élites sociales y económicas empleaban para intentar contener el creciente problema social que, para los años cuarenta del siglo XIX, representaba una población infantil en condición de pobreza, potencialmente peligrosa y socialmente vergonzante, en las calles de la metrópoli de la ciudad de México. Las fuentes primarias utilizadas se obtuvieron del Archivo Histórico de la Ciudad de México y del Archivo Histórico de la Secretaría de Salud; las secundarias, en textos escritos de la época, como leyes, reportes y cróni- cas, principalmente y literatura que en años más recientes han producido especialistas en los temas tratados. Los menores excluidos de la ciudad de México El proceso de socialización por el cual la niñez, de un nivel económico alto, era integrada a la sociedad decimonónica de la ciudad de México, se efectuaba a través de diferentes agentes sociales: la familia y la escuela, principalmente, aunque, también coadyuvaban al proceso de culturiza- ción intelectual, afectiva y social, la interacción con actores en torno a los cuales se desenvolvía cotidianamente el niño; por ejemplo, aquellos que se encontraban en espacios convivenciales con amigos y vecinos, entre otros (Alzate, 2003). Existía, sin embargo, otra parte de la sociedad mexicana menos favorecida, la cual vivía una realidad distinta, pues ni la familia ni la escuela intervenían en las acciones formativas del menor. En concreto, se trataba de la niñez carente de recursos; menesterosos que, por la ausencia de vida familiar, caerían en el abandono material y moral, por falta de referentes adultos, o por convivir entre conductas poco edificantes. 54 educar en los márgenes. reflexiones a partir de las teorías y de las experiencias prácticas compartidas Los menores desvalidos que deambulaban por la capital mexicana, vaga- bundeaban por las calles y frecuentaban sitios inadecuados para su edad. Las pocas oportunidades para una subsistencia digna, recrudecidas por la condición racial, de género y de clase que les estigmatizaba, les orillaba a ejercer prácticas de supervivencia fuera de la ley. Asimismo, los aprendizajes sociales obtenidos de la calle, les dificultaban el tránsito hacia una vida adulta integrada a modelos socialmente válidos. Para muchos infantes huérfanos, abandonados por sus padres, desatendidos en el hogar o fugados de la casa paterna por malos tratos, la calle era su agente socializador primario. Some- tidos a malas influencias desde muy temprano, adquirían hábitos perniciosos contrarios a las “buenas maneras” propias del niño “bien educado”. Mal entretenidos, ociosos, vagos, viciosos, mal inclinados, léperos, fueron algunas de las expresiones calificativas con las cuales se nombraban a estos excluidos de la metrópoli. Pero no todos eran pobres por orfandad, falta de oportunidades, enfermedad o mala fortuna; algunos lo eran por haber asumido la indigencia como un estilo de vida. Estos últimos, libertinos, corrompidos por el vicio, “gente perniciosa que sufría de un defecto moral que los llevaba a elegir su destino de manera voluntaria” (Arrom, 2003, p. 50), eran remitidos al Tribunal de Vagos. El Tribunal de Vagos se estableció en el Distrito y territorios de la Federa- ción el 3 de marzo de 1828. Su finalidad fue controlar a las masas populares, las cuales representaban en decir de Frederick Shaw, un 80% de la población de entonces (citado por Moreno, 1996, p. 6). La noción de vagancia conte- nía un amplio espectro de acepciones. Distinguir entre los “pobres dignos” o clases trabajadoras y los “pobres indignos” o clases andrajosas, conllevó el esfuerzo de tipificar, los grados, motivaciones y condiciones de pobreza (Padilla, 1993), así como el modo de atenderla, pues de la misma manera que los viciosos eran condenados por el Tribunal de Vagos, los pobres honestos solían ser institucionalizados en algún establecimiento de la beneficencia. 55 Un espacio para la morigeración de las costumbres del niño desvalido. el colegio correccional de san antonio (1840-1872) Una de las causas de la pobreza urbana, fue la falta de trabajo. De acuer- do con Alejandra Moreno (1996, p. 312), durante la primera mitad del siglo XIX, cerca del 59% de la población de la ciudad de México en edad de trabajar, no tenía empleo fijo. De hecho, el desempleo se relacionaba con la vagancia. El desempleo y el subempleo, provocados por la falta de una fuente estable de ingresos, agravaba la pobreza estructural, heredada del pasado virreinal, de los efectos derivados de la vida independiente, de la inestabilidad política y de la invasión extranjera. La expulsión de la mano de obra, al no encontrar dónde ocuparse, significó para algunos el inicio de las acciones punibles y, para otros, la desatención de los hijos. Dolores Lorenzo narra el siguiente pasaje de Manuel Payno en torno a la descripción del lépero: “el lépero, procedente de padres pobres, artesanos regularmente, pasa los primeros días de su vida no entre el chiqueo y el regalo sino llorando en una mala cuna, porque su madre regularmente es criada de alguna casa, y sus quehaceres no le permiten cuidar con esmero a su hijo” (Manuel Payno citado Lorenzo, 2011, p. 32). La pobreza que afectaba