UNIVERSIDAD PANAMERICANA FACULTAD DE FILOSOFÍA Y CIENCIAS SOCIALES ESCUELA DE FILOSOFÍA “CONCIENCIA ÉTICA – AMBIENTAL. UNA EXPERIENCIA PERSONAL” INFORME DE ACTIVIDAD PROFESIONAL Q U E P R E S E N T A KARINA JAUREGUI PULIDO P A R A O B T E N E R E L G R A D O D E : MAESTRA EN HISTORIA DEL PENSAMIENTO DIRECTOR: Dr. Vicente De Haro MÉXICO, D.F. 2015 2 ÍNDICE INTRODUCCIÓN ................................................................................................................. 3 CONCIENCIA ÉTICA ........................................................................................................... 5 LA RAÍZ GRIEGA ................................................................................................................. 7 EL CONCEPTO DE PHRONEIN E HYBRIS ........................................................................ 7 COMPRENDER Y CONOCER ........................................................................................... 8 LA TRANSFORMACIÓN EN PLATÓN ............................................................................. 10 CONCIENCIA ÉTICA CRISTIANA ................................................................................... 12 LA ETERNIDAD EN EL TIEMPO..................................................................................... 12 EL ANHELO INCONDICIONAL DE VERDAD ................................................................... 13 LA NOCIÓN DEL HOMBRE COMO SER CAÍDO Y REDIMIDO ............................................ 15 KANT ................................................................................................................................... 17 LA REVOLUCIÓN COPERNICANA ................................................................................ 17 LA NOCIÓN RELIGIOSA Y EL COMPROMISO ÉTICO AMBIENTAL..................................... 18 DEBER Y CONCIENCIA ÉTICA AMBIENTAL ................................................................... 18 SCHELER ............................................................................................................................ 20 EL VALOR COMO DESCUBRIMIENTO ............................................................................ 20 LA JERARQUÍA DE VALORES ....................................................................................... 21 CONCIENCIA AMBIENTAL .............................................................................................. 22 ANTECEDENTES DE LA CULTURA AMBIENTAL ............................................................. 22 MOVIMIENTO CONSERVACIONISTA ............................................................................. 24 EL DESARROLLO SOSTENIBLE .................................................................................... 27 UNA PROPUESTA ÉTICA AMBIENTAL ......................................................................... 29 ANTECEDENTES ......................................................................................................... 30 PROGRAMAS Y ACTIVIDADES ..................................................................................... 31 REFLEXIÓN FINAL ........................................................................................................... 33 BIBLIOGRAFÍA .................................................................................................................. 35 3 I INTRODUCCIÓN El hombre es la naturaleza que toma conciencia de sí misma. Élisée Reclus La crisis ambiental nos pone cara a cara con los valores que postula actualmente la humanidad. Parecería que hoy en día el ser está devaluado, que el hombre basa su valor en el poder y el tener. A lo largo de la historia de la humanidad, el hombre ha dado valor a diferentes principios éticos como el honor, la lealtad, la religiosidad, pero también al conocimiento, la experiencia, a la autoridad, entre otros. El hombre de hoy parecería buscar su realización exclusivamente a través de bienes materiales, ignorando los espirituales que fundamentan el comportamiento ético, lo que paulatinamente lo ha llevado a corromper su escala de valores personales y colectivos. Cuando el valor está basado en el tener más que en el ser, cuando predomina la capacidad de consumo masiva –adquiere todo lo que puedas, consume, consume y sigue consumiendo– el hombre con mayor poder adquisitivo es el más valorado, y al mismo tiempo, lamentablemente, el que deja una mayor huella ecológica en el planeta. Uno podría preguntarse si la falta de valores éticos es lo que nos ha llevado en última instancia a una crisis ambiental, o si es la inminente carencia de recursos naturales lo que nos impulsa a actuar irresponsablemente por el beneficio individual, inmediato y egoísta. La capacidad del planeta para satisfacer la necesidad de consumo parece estar sobrepasada, aunque quizá realmente esté mal organizada; los recursos naturales que son necesarios para producir todo lo que los seres humanos necesitan, de acuerdo a la tendencia actual de consumo, parecen no ser suficientes para satisfacer la demanda de los servicios y bienes que se requieren, o más bien, todo se reduce a una situación en donde la riqueza no está distribuida de manera equitativa. La realidad es que el hombre ha llegado a un punto en donde aparentemente el tener nos hace ser; sin embargo, hay muchas señales que nos indican que de seguir así estamos poniendo en riesgo nuestra propia supervivencia como civilización a nivel planetario. Hay quienes sostienen que es precisamente el hombre quien puede evitar el colapso. La especie humana, en escala de tiempo planetaria, es de reciente aparición y se ha desarrollado de manera extraordinaria, ha logrado grandes avances tanto en la ciencia como en la tecnología; sin embargo, 4 es igualmente la única especie de todas las que han poblado la Tierra que podría desencadenar una extinción masiva. 1 Hoy se están manifestando eventos que tienen ya un efecto en la población humana: cambio climático, sobrepoblación, escasez de recursos, contaminación, pérdida de especies, colapso de fuentes de agua, agotamiento de mares, entre muchos otros. Hoy, los principios y valores de la conducta humana en la relación del hombre consigo mismo y con otros hombres se han extendido a su relación con la naturaleza y se están manifestando de manera muy clara y evidente: no existe un balance entre conservación, progreso y el hombre mismo. Pero quizás la gravedad de la problemática ambiental sea la oportunidad para reflexionar sobre nuestros valores y encontrar un camino ético de convivencia entre los seres humanos, otras especies y el planeta entero. 1 Cf. Richard Leakey, La sexta extinción. El futuro de la vida y de la humanidad. Traducción al español Ed. Antonio-Prometeo Moya, Barcelona,1997 5 II CONCIENCIA ÉTICA El bien es aquello a lo que todas las cosas aspiran. Aristóteles Reflexionar es hacer un alto en el camino para observar y escuchar qué es lo que está sucediendo a nuestro alrededor: ¿en dónde nos encontramos?, ¿queremos seguir por este camino? ¿es éste un camino sin retorno? ¿existe sólo este camino, o podemos corregir el rumbo? Quizá sea conveniente actuar de manera más inteligente, aprovechando todos los conocimientos y experiencias acumulados a lo largo de la historia de la humanidad para retomar los valores que realmente nos hacen ser. Esto significaría tomar conciencia de cada uno de nosotros, de nuestro existir, pensar y actuar. El tener conciencia es estar despierto, es hacernos cargo de nosotros mismos, ser responsables, sensibles y exigentes con nosotros y con los nuestros. La conciencia de la existencia, hasta donde sabemos, es atributo esencialmente humano; el hombre es la naturaleza que toma conciencia de sí misma, como apuntó alguna vez el geógrafo Élisée Reclus, 2 el hombre tiene conciencia de la brevedad de su existencia, por ello puede cuestionar y buscar un sentido a su valiosa y efímera vida. Esta oportunidad de reflexionar, tomar conciencia y actuar en consecuencia puede llevarnos hacia la creación de nuevas formas de relación, tanto de manera individual como colectiva, y permitirnos llegar a valorarnos como especie, no sólo para asegurar nuestra supervivencia, sino para alcanzar una existencia ética orientada por valores que favorecen el bien común y personal, y que sea por tanto digna y justa para todos. Adquirir conciencia ética es el camino para una existencia plena. La conciencia está en constante proceso, el hombre la forma y educa de acuerdo a su sistema de valores, ayudándonos a crear círculos virtuosos en todo lo que hacemos. ¿Contamos hoy realmente con una conciencia ética que nos indique a qué le estamos dando valor, sentido y, por tanto, qué dirección damos a nuestras vidas como seres humanos? 2 Cf. Elisée Reclus, El Hombre y la Tierra. VI volúmenes, bajo la revisión de Odón de Buen, traducción de Anselmo Lorenzo, Escuela Moderna, Barcelona, 1906-1909. Vol. VI, pág. 308. 6 Para tener más elementos que nos ayuden a responder lo anterior, partimos de la rigurosa necesidad de revisar la dimensión histórica del concepto de conciencia; por ello, haremos un recorrido por las distintas fuentes en las que ha sido pensada, formulada y experimentada la conciencia; y que si queremos comprender este concepto, debemos por principio entender la palabra “conciencia”, no sólo como la palabra en sí, sino también como concepto en su proceso de evolución, a través de distintas sociedades a lo largo de la Historia. Con este recorrido podemos justificar por qué apelamos a los principios de la conciencia ética dentro de la problemática ambiental. En nuestra realidad presente confluyen diversas fuentes culturales de la civilización occidental. Para este análisis particular, consideramos las que más han aportado y enriquecido con una vasta huella cultural: la raíz griega, basada en su épica, tragedia y filosofía, 3 el Cristianismo, sustentado en la doctrina del valor del ser humano y de los bienes de la creación, 4 así como la raíz proveniente de la Modernidad, sustentada en gran parte con la filosofía kantiana que incluye nociones fundamentales como el deber, el imperativo categórico y los postulados de la razón práctica, 5 asimismo, la aportación fundamental de Max Scheler desde una perspectiva axiológica. 6 Entendemos sin embargo, que aun con su indudable aportación, estas fuentes no alcanzan a agotar el significado de conciencia ética, ya que este concepto está sujeto a la variabilidad interpretativa y a los cambios acelerados que sufre la sociedad contemporánea, por lo que debemos estar abiertos a nuevas interpretaciones y enfoques que seguramente seguirán produciéndose en torno a estas cuestiones. 3 Cf. Jaeger, Werner. PAIDEIA. Fondo de Cultura Económica, México, 1992, pág. 10. 4 Cf. Dawson, Christopher. Historia de la cultura cristiana. Fondo de Cultura Económica, México, 2006, pág. 165 5 Cf. Copleston, Frederick. Historia de la Filosofía. Ariel, Barcelona, 1983, pág. 263. 6 Cf. Gutierrez Sáenz, Raúl. Historia de las doctrinas filosóficas. Esfinge, México, 2006. pág. 177. 7 III LA RAÍZ GRIEGA Si bien es cierto que la palabra “conciencia” es una voz latina que nos remite al contexto cultural del Imperio Romano, 7 lo cierto es que esta palabra pretende apropiarse de la experiencia particular de la espiritualidad griega. El concepto de Phronein e Hybris La conciencia en la cultura griega se manifiesta de manera magistral en el Oráculo de Delfos y está ligada al concepto Phronein, que significa comprensión del acontecimiento divino, es decir: entender la naturaleza de las relaciones del hombre con lo divino. 8 El hombre que ejerce la Phronesis conoce y respeta los límites establecidos en la naturaleza, para mantenerse dentro del ámbito de lo humano sin quebrar el orden establecido por voluntad divina. Por otra parte, vale la pena considerar también en este contexto el concepto Hybris, que hace alusión al exceso, al rompimiento de los límites entre lo humano, lo sagrado y natural, llevando al ser humano a la pérdida de su identidad. Evitar la Hybris nos lleva a plantear la fórmula de moderación y búsqueda de la verdad como su contrapeso. 9 Dentro de la vasta literatura griega elegiremos tan sólo tres momentos que por su influencia consideramos los más significativos para aclarar la particular experiencia a la que remite la palabra Phronein. Así, en la plegaria del Agamenón de Esquilo: “Quiero decirte que, como a un hombre, no como a un dios me des honores. Sin necesidad de alfombras ni bordados, mi fama grita, y el tener sentimientos sensatos es el máximo don de la divinidad. Hay que estimar hombre dichoso sólo al que ha acabado su vida con una grata prosperidad. Yo tendría seguridad de conseguirlo, si en todo me fuera bien como hasta ahora.”10 7 Cf. Aulio Gelio, Noches Áticas. Edición de Santiago López Moreda, Ed. Akal, Madrid, 2009. 8 Ibíd. Cf. 6, pág. 223. 9 Ibíd. Cf. 6, pág. 134. 10 Esquilo, Tragedias, Agamemnón, 23 V. 925-930, Traducción de Bernardo Perea Morales (1993). Ed. Gredos, Madrid, pág. 195. 8 Nuestra palabra designa la comprensión del acontecimiento divino; en este sentido, lo trágico apunta a la impotencia del hombre frente a la imposición de la necesidad irrevocable del destino marcado por los dioses. El hombre que ejerce la Phronein acepta su destino sin retar a los dioses tratando de ser lo que no es por naturaleza. Asimismo, en el Oráculo de Delphos, Phronein alude a la sabiduría que insta el miedo a cometer Hybris. Como bien es sabido, en el frontispicio del Oráculo se enunciaban dos recomendaciones principales para el consultante, Conócete a ti mismo, y De nada demasiado: “Todos ellos eran admiradores y apasionados discípulos de la educación lacedemonia. Puede uno comprender que su sabiduría era de este tipo, al recordar las breves frases dichas por cada uno, que ellos, de común acuerdo, como principio de la sabiduría dedicaron en inscripción a Apolo en su templo de Delfos, grabando lo que todo el mundo repite: «Conócete a ti mismo » y «De nada demasiado».”11 Phronein es la práctica de renovar constantemente la experiencia de los límites propios, es decir: el hombre es capaz de aprender y dominar ciertas técnicas y conocimientos, pero nunca puede estar seguro de los límites en los que se despliega su hacer y su conocer sin incurrir en la ira de los dioses. Esto lo obliga a ser prudente y cauto, evitar la ignorancia y los excesos, ejerciendo así un tipo de sabiduría que lo honra, preserva y mantiene como lo que debe ser. Comprender y conocer Es este sentido, para el griego existe una diferencia entre comprender y conocer, ya que mientras conocer supone un dominio asegurado sobre sus objetos, la comprensión se mantiene siempre en la incertidumbre y propensa al exceso y al error, con posibles consecuencias fatales en su relación con lo divino. 12 Para el griego, por tanto, Phronein significa el estado de vigilia que hace referencia a la atención que debe observar el hombre para no sobrepasar todo límite. Para los antiguos griegos implica un estado de conciencia que los obliga a ser cuidadosos en su vida privada y social. La transgresión de los límites fijados por los dioses al orden natural es severamente castigada por voluntad divina. 11 Platón, Diálogos, Vol. I, Protágoras, 342, b, Ed. Gredos, Madrid, 1981, pág. 560. 12 Cf. Copleston Frederick, Historia de la Filosofía. Ed. Ariel, Barcelona, 1987, pág. 162. 9 Hasta aquí, Phronein refiere por una parte al conocimiento práctico, y por otra, a la sabiduría que promueve el autoconocimiento desde una permanente vigilancia de los límites del actuar humano. Estos dos rasgos se presentan de manera muy clara en el diálogo de Platón que narra la historia de la iniciación de Sócrates en la filosofía. Siendo Sócrates muy joven se presenta ante el Oráculo para conocer su destino, obteniendo un resultado sorprendente al afirmarle que no hay hombre más sabio que Sócrates; la reflexión de Sócrates es la siguiente: “¿Qué dice realmente el Dios y qué indica el enigma? Yo tengo conciencia de que no soy sabio, ni poco ni mucho. ¿Qué es lo que realmente dice al afirmar que yo soy muy sabio? Sin duda no miente; no le es lícito.” Y durante mucho tiempo estuve yo confuso sobre lo que en verdad quería decir. Más tarde a regañadientes, me incliné a una investigación del oráculo del modo siguiente. Me dirigí a uno de los que parecían ser sabios, en la idea de que, si en alguna parte era posible, allí refutaría el vaticinio y demostraría al oráculo: «Este es más sabio que yo y tú decías que lo era yo. » Ahora bien, al examinar a éste —pues no necesito citarlo por su nombre, era un político aquel con el que estaba indagando y dialogando— experimenté lo siguiente, atenienses: me pareció que otras muchas personas creían que ese hombre era sabio y, especialmente, lo creía él mismo, pero no lo era. A continuación intentaba yo demostrarle que él creía ser sabio, pero no lo era. A consecuencia de ello me gané la enemistad de él y de muchos de los presentes.”13 … Es probable, atenienses, que el dios sea en realidad sabio y que, en este oráculo, diga que la sabiduría humana es digna de poco o de nada. ¡Y parece que éste habla de Sócrates —se sirve de mi nombre poniéndome de ejemplo, como si dijera «Es el más sabio, el que, de entre vosotros, hombres, conoce, como Sócrates, que en verdad es digno de nada respecto a la sabiduría».14 La prudencia de Sócrates radica en que escucha el designio bajo la alerta de que el sentido de las palabras del Oráculo no es humano sino divino; es decir, que la palabra del Dios implica un desafío interpretativo, que hace una referencia profunda a la esencia misma de la sabiduría humana. Sócrates insiste desde la Phronein, una actitud consciente de la realidad humana y divina Si Sócrates hubiera entendido en su sentido literal estás palabras, hubiera salido al mundo ufanándose de sí mismo por las palabras del Oráculo, por tanto Sócrates hubiera caído en la trampa de los Dioses; sin embargo, al escuchar estas palabras, Sócrates tiene presente las recomendaciones del Oráculo, y tiene consigo la comprensión que requiere la sabiduría. Para Sócrates todos podemos tener la verdad, pero no todos la comprendemos. 13 Platón Diálogos Tomo I, Apología 21 b y c Ed. Gredos, Madrid, 1981, pág. 155 14 Ibíd. 23 a-b. pág. 157. 10 Sócrates no toma el mensaje en sentido literal sino que se asegura del designio del Dios Apolo, 15 reconoce que la sabiduría enfocada a la búsqueda de la verdad implica un compromiso moral que permite su utilización para el bien de las personas, partiendo desde la misma bondad de la situación en la que se encuentra aquel que reconoce humildemente no saber aquello que no sabe. La transformación en Platón Uno de los puntos más importantes en torno a la experiencia de Phronein es que la verdad exige una transformación de sí, un cambio de perspectiva, de mirada. Para Platón, el hombre tal como es no puede acceder a la verdad, pues la verdad es esencialmente transformación, cuyo signo en el hombre; lo apunta Platón con la imagen de estar “fuera de sí”. La idea del bien está en la cumbre de todas las ideas, pertenece al mundo espiritual, perfecto, eterno que contrasta con el mundo material, efímero, transitorio e imperfecto en el que se desarrolla la vida humana. El hombre debe salir de sí y aspirar a las realidades espirituales, orientando su vida de tal manera que abandone paulatinamente todo aquello que lo ata a lo material: “Pues bien, —dijo—, si crees que el amor es por naturaleza amor de lo que repetidamente hemos convenido, no te extrañes, ya que en este caso, y por la misma razón que en el anterior, la naturaleza mortal busca, en la medida de lo posible, existir siempre y ser inmortal. Pero sólo puede serlo de esta manera: por medio de la procreación, porque siempre deja otro ser nuevo en lugar del viejo. Pues incluso en el tiempo en que se dice que vive cada una de las criaturas vivientes y que es la misma, como se dice, por ejemplo, que es el mismo un hombre desde su niñez hasta que se hace viejo, sin embargo, aunque se dice que es el mismo, ese individuo nunca tiene en sí las mismas cosas, sino que continuamente se renueva y pierde otros elementos, en su pelo, en su carne, en sus huesos, en su sangre y en todo su cuerpo. Y no sólo en el cuerpo, sino e también en el alma: los hábitos, caracteres, opiniones, deseos, placeres, tristezas, temores, ninguna de estas cosas jamás permanece la misma en cada individuo, sino que unas nacen y otras mueren. Pero mucho más extraño todavía que esto es que también los conocimientos no sólo nacen unos y mueren otros en nosotros, de modo que nunca somos los mismos ni siquiera en relación con los conocimientos, sino que también le ocurre lo mismo a cada uno de ellos en particular. Pues lo que se llama practicar existe porque el conocimiento sale de nosotros, ya que el olvido es la salida del conocimiento, mientras que la práctica, por el contrario, al implantar un nuevo recuerdo en lugar del que se marcha, mantiene el conocimiento, hasta el punto del que parece que es el mismo. De esta manera, en efecto, se conserva todo lo mortal, no por ser siempre completamente lo mismo, como lo divino, sino porque lo que se marcha y está envejecido deja en su lugar otra cosa nueva semejante a lo que era. Por este procedimiento, 15 Platón Diálogos. Tomo I Apología 21 c y e. Ed. Gredos, Madrid, 1981 11 Sócrates —dijo—, lo mortal participa de inmortalidad, tanto el cuerpo como todo lo demás: lo inmortal, en cambio, participa de otra manera. No te extrañes, pues, si todo ser estima por naturaleza a su propio vástago, pues por causa de inmortalidad ese celo y ese amor acompaña a todo ser."16 El “Trans” de la palabra transformación sugiere que el hombre tiene que salir de su esencia finita, esto es, de los límites de su conocimiento, para reencontrarse en la comprensión de la esencia de aquella verdad que le sobrepasa, el asombro como vía de acceso a las realidades espirituales de la idea del bien y la verdad. En Platón la conciencia del mundo ideal, y la necesidad del hombre de alcanzarlo, obliga a una transformación ética que lo impulse a dejar atrás la imperfección, la ignorancia, la maldad y lo efímero de la vida humana. 16 Platón, Diálogos Tomo III, Banquete, 207 c y d y 208 a y b. Ed. Gredos. Madrid. España, 1988, págs. 256 y 257 12 IV CONCIENCIA ÉTICA CRISTIANA La conciencia es la presencia de Dios en el hombre. Victor Hugo La tradición teológica cristiana no es una unidad monolítica como suele pensarse, es por el contrario una fuente muy fecunda en cuanto a los posicionamientos que se han planteado en torno a sus principales contenidos a lo largo de más de veinte siglos. Aquí plantearemos la cuestión bajo el siguiente aspecto: a lo largo de la Historia, algunos de los conceptos fundamentales de la mentalidad cristiana son: 1) la eternidad en el tiempo; 2) el anhelo incondicional de verdad, y 3) la noción del hombre como ser caído y redimido. A través de estos tres conceptos habremos de encontrar una noción mucho más clara y precisa de lo que es la conciencia ética en la cultura cristiana occidental. La eternidad en el tiempo A diferencia del mundo griego que se fundamenta en la expresión “de la nada, nada”, el horizonte cristiano parte de una concepción creacionista del mundo; esto significa que en contraste con el griego —que vivió en un mundo eterno, en un mundo que había estado ahí desde el principio y que siempre estará— el cristiano se enfrenta a un mundo creado con un sentido trascendente con relación a la eternidad y a su Creador. Esta nueva visión implica toda una transformación en el horizonte e interpretación del mundo, ya que mientras para el griego el mundo está en un proceso inalterable, un retorno de lo mismo, para el cristiano el mundo se presenta como un espacio de proceso, tránsito y transformación, es decir, un modo específico para llegar de un punto de origen a otro punto final y deseado, con un sentido trascendental de la vida humana. Más aún, mientras para el griego el concepto de tiempo no implica problema alguno, puesto que es el producto del movimiento que proviene de la Primera causa o Motor inmóvil, para el cristiano la cuestión del tiempo se torna central y prioritaria con respecto al movimiento, debido a que la vida humana, al ser limitada en el ámbito temporal, exige un aprovechamiento que permita alcanzar su sentido en el tiempo medido y limitado del que dispone cada persona: Acuérdate de tu creador en tus días mozos […] mientras no vuelva el polvo a la tierra a lo que era y al espíritu vuelva a Dios 13 que es quién lo dio. 17 La conciencia ética entonces se vuelve fundamental para entender la propia naturaleza humana y sus exigencias para alcanzar la plenitud, dentro de los estrechos límites temporales de la vida humana. El núcleo central de la vivencia cristiana es Cristo, quien es la Suma justicia por la cual es posible una historia como historia de perdón o reconciliación. El Dios creador es quien posibilita la plenitud humana a través de la redención; es Él quién vence al pecado y a la muerte y da sentido a la aspiración humana por lo eterno: …En la consumación de los tiempos. Le bastó con manifestarse una sola vez, para el destruir el pecado con su sacrificio. 18 El cristianismo, sin duda, es la primera manifestación de una representación conjunta de la Historia en la que la creación entera y los seres humanos deben cumplir con un ciclo de, precisamente, creación, caída, redención y felicidad, una historia de reconciliación en el tiempo humano. En este sentido, el Cristianismo nos abre a una dimensión temporal de la conciencia ética, que no nos remite a un movimiento de la naturaleza, sino a una humanidad redimida por la justicia de Cristo, a la cual debe corresponder la conciencia ética de las exigencias que implica la vida humana, en orden a lograr la felicidad al final de los tiempos. Esta conciencia ética consiste básicamente en entender que la persona debe abrirse a la providencia divina, cumplir con una vida acorde a los mandamientos de Dios y alcanzar la vida eterna: En lo más profundo de su conciencia, el hombre descubre una ley que no le da a sí mismo, sino a la que debe obedecer y cuya voz resuena, cuando es necesario, en los oídos de su corazón, llamándole siempre a amar y a hacer el bien y evitar el mal. 19 El anhelo incondicional de verdad La relación entre verdad y conciencia ética tiene un carácter incondicional. En la tradición cristiana el anhelo de verdad responde al deseo de que la totalidad y el sentido general de la vida sean descubiertos en relación a los imperativos de una conciencia ética; ella permite darle sentido a la vida otorgada por el Creador y aspirar a la eternidad. A diferencia de los griegos, para quien la 17 QO 12, 1.7, Libro Eclesiastés , Biblia de América , Editorial, La Casa de la Biblia, Madrid 1997 18 Carta de los hebreos 9,26, Biblia de América, Editorial, La Casa de la Biblia, Madrid 1997 19 Concilio Vaticano II, Const. Past. Gaudium et spes, 16: AAS 58 (1996) 1037. 14 verdad era sólo aquello que regularmente pasa, para el cristiano la verdad también revela la totalidad de la realidad, con sus regularidades y excepciones. La conciencia cristiana entiende al mundo como contingente, como el producto de un acto de soberana intención —como lo es la creación de Dios. El mundo no es esa necesidad que se repite eternamente, sino que así tal y como se presenta responde a la voluntad de Dios, su Creador: “En su bondad y por su fuerza todo poderosa, no para aumentar su bienaventuranza, ni para adquirir su perfección, sino para manifestarla por los bienes que otorga a sus criaturas, el solo verdadero Dios, en su libérrimo designio, en el comienzo del tiempo, creó de la nada a la vez una y otra criatura, la espiritual y la corporal.”20 Al cristiano no le basta con conocer el mundo, quiere comprender el sentido del mundo, pues el mundo en sí mismo es cognoscible y adquiere su sentido pleno en relación con la voluntad de Dios. Ante la concepción creacionista quedan planteadas interrogantes tales como el propósito con el que fue creado el mundo y cómo puede una persona cumplir con su propósito en armonía con lo planteado por el Creador. Cabe decir que al plantearse estas interrogantes, el cristiano necesita al conocimiento, y aunque cede ante lo ajeno de esta voluntad, no es para sacrificar el entendimiento sino para ensancharlo en ese misterio universal. La conciencia ética cristiana acepta la verdad en una lucha que le compromete por completo, la verdad es también una búsqueda del bien que lo lleve a cumplir con la voluntad de su Creador, siendo una verdad que da la certeza de que puede poseerla desde su naturaleza limitada para darle un sentido ético a la vida humana y hacer el bien que lo llevará a su felicidad eterna: “Todos los hombres, conforme a su dignidad, por ser persona […] Se ven impulsados, por su misma naturaleza a buscar la verdad y… están obligados también a adherirse a la verdad una vez que la han conocido y a ordenar toda su vida según sus exigencias.”21 La relación entre conciencia ética y verdad es incondicional en el sentido de que sobrepasa por entero mis posibilidades, nunca acaba de concretarse en un saber definitivo y absoluto. Esa verdad está al servicio del bien en tanto ayuda al hombre a perfeccionarse desde su realidad limitada, temporal, contingente. En este sentido, la verdad y el bien es aquello que sostenemos en una lucha constante y personal para alcanzar nuestra felicidad, que podría formularse en los siguiente 20 Concilio Vaticano I, Const. Dogm Dei Filius, C. 1 DS 3002 21 Concilio Vaticano I, Const. Dogm Dei Filius, C. 1 DS 3002 15 términos: aceptar la realidad de las cosas entendidas gracias a la posesión de la verdad y el bien, asumiendo los deberes y los derechos que emanan de la propia naturaleza humana y de la voluntad divina. La noción del hombre como ser caído y redimido Una interpretación sobre la conciencia ética en el Cristianismo sería del todo incompleta o insuficiente sin considerar la noción del pecado, limitación, debilidad, finitud y necesidad de la persona humana, así como la necesidad de redención divina. La redención implica una voluntad del redentor y del redimido, Aquel dispuesto a perdonar y salvar por amor; éste, dispuesto a ganar el perdón y alcanzar la salvación. El ser humano es creado por Dios con una naturaleza humana, finita, temporal, pecadora, imperfecta, incompleta, pero orientada a la perfección, al absoluto, al infinito, por ello es la redención divina lo que le permitirá al ser humano trascender, es decir, romper las cadenas del tiempo y el espacio, salir de su dimensión limitada e imperfecta para alcanzar la plenitud: “La ley natural […] está inscrita y grabada en el alma de todos y cada uno de los hombres porque es la razón humana que ordena a ser el bien y prohíbe pecar, pero esta prescripción de la razón humana no podría tener fuerza de ley si no fuese la voz y el intérprete de una razón más alta a la que nuestro espíritu y nuestra libertad deben de estar sometidos.” 22 La reconciliación es posible por el infinito amor que perdona todas las faltas, pecados, limitaciones e imperfecciones, encaminando al ser humano a la superación de su estado actual: “La muerte de Cristo es a la vez el sacrificio pascual que lleva acabo la redención definitiva de los hombres por medio del cordero que quita el pecado del mundo y el sacrificio de la Nueva Alianza que devuelve al hombre a la comunión con Dios reconciliándole con Él por la sangre derramada por muchos para remisión de los pecados.”23 El ser humano es consciente de su naturaleza, de su sentido vital y su posibilidad de transformarse y transformar al mundo, a través del ejercicio responsable de derechos y obligaciones que lo comprometen en su totalidad. 22 LEON XIII, Carta enc. Libertas praestantissimum: Actas de León XIII 8, 219 23 Iglesia Católica. Catecismo de la Iglesia Católica. Núm. 613. Coeditores Católicos de México, 1999. 16 En la cosmovisión cristiana contenida en los tres conceptos mencionados anteriormente —la eternidad en el tiempo, el anhelo incondicional de verdad y la redención del hombre como ser caído y redimido— se pone el acento en el papel central del ser humano y su relación con Dios; las cosas, los objetos, los animales, las plantas y en general todo el universo visible y material que lo rodea son el escenario del gran drama de la vida humana. Las cosas están puestas a disposición del hombre para que éste alcance sus fines terrenales y eternos. Los objetos son medios para las personas, así proveen de alimento, vestido, sustento, refugio, placer y cubren todos los aspectos de la convivencia social; satisfacen las necesidades materiales y espirituales de los hombres. A lo largo de la Historia, se ha pensado que en el Cristianismo la conciencia ética no contempla explícitamente un énfasis en la preservación responsable de la biodiversidad, de las especies animales, vegetales y en general del hábitat humano. En todo caso se considera que el ser humano ha sido puesto por Dios en el lugar preponderante de la creación, y ésta, incluyendo las cosas, los recursos naturales, el mismo medio ambiente, juega un papel subordinado. Sin embargo, ese lugar preponderante del ser humano en la creación supone también una responsabilidad respecto al resto de lo creado, verdad implícita de la tradición cristiana que hoy conviene explicitar. La verdad de la conciencia ambiental no estaba explicitada en los primeros siglos del Cristianismo, pero está sin duda presente en su mensaje, aunque las realidades políticas, económicas y sociales derivadas de una población humana muy inferior en número a la presente, así como el progreso material relativamente atrasado en comparación al generado en tiempos modernos, constituían la principal causa de esa falta de tematización. 17 V KANT La Revolución Copernicana Será hasta el siglo XVIII cuando Kant lleve a cabo una nueva fundamentación para los sistemas éticos provenientes de la tradición cristiana, vigentes en su época. A través de La Crítica de la razón práctica, y de La Metafísica de las costumbres plantea una verdadera revolución copernicana que se basa en tres tesis centrales, a saber el deber, el imperativo categórico y los postulados de la razón práctica. 24 Con relación al deber, Kant plantea que lo que le da carácter moral a un acto humano es el cumplimiento del deber por el deber mismo, en cuanto a que éste constituye una expresión de la razón, con validez a priori y universal. La conducta humana ética en el sistema kantiano implica además que el cumplimiento del deber sea llevado a cabo por la persona a través de un imperativo categórico, es decir, a través de actos regidos por un principio racional, actos que el ser humano haga en la consideración de que su propia bondad intrínseca los haría merecedores de una validez universal, a tal grado que pudieran formularse como una ley general. Finalmente, Kant propone como tercer concepto fundamental de su sistema ético a los postulados de la razón práctica, es decir las exigencias de la conducta de los seres humanos que remiten a realidades tales como la libertad, el alma y Dios. Estas tres dimensiones que forman parte de la experiencia práctica humana —y la vuelven sumamente rica y compleja— se fundamentan más en la fe moral y no en la razón, pero no por ello son menos importantes para alcanzar en un plano no terrenal la felicidad humana —aunque recordemos que el deber no está condicionado por ésta— y una ordenación de la sociedad hacia la verdad y el bien. 25 24 Cf. Gutierrez Sáenz, Raúl. Historia de las doctrinas filosóficas, Esfinge, México 2006, pág. 133 25 Ibíd. pág. 140 18 La noción religiosa y el compromiso ético ambiental En cuanto a la consideración de Dios, como el ser perfecto y creador que es la suma bondad, belleza y verdad, independientemente de su formulación religiosa específica, contribuye poderosamente a fortalecer un marco ético ambiental por cuanto la Creación del universo y del hombre mismo han sido actos de amor que quedan fuera de la voluntad humana, y cuyo carácter gratuito nos compromete como especie única en nuestro planeta, capaz de darse cuenta del enorme valor de la Creación, de la propia vida humana, y de todo aquello que constituye el ámbito natural del universo a nuestro alcance. En el entendido de que el ser humano es depositario y no creador del Universo, se pone de manifiesto la importancia de preservar todo lo creado para las generaciones futuras que tienen tanto derecho como las personas presentes o pasadas para disfrutar aquello que fue creado por amor por Aquel que es dueño absoluto del universo y sus creaturas. Deber y conciencia ética ambiental Indudablemente sería de gran trascendencia para la humanidad la consideración kantiana del deber como fundamento de una conciencia ética ambiental, cuyas exigencias implicarían la convicción de los seres humanos de que en la vida hay que cumplir con deberes, que son valiosas expresiones de la razón, que en este caso expresarían los fundamentos de una conducta responsable con el óptimo desarrollo de los seres humanos, con el crecimiento económico sostenible e indirectamente con una amplia responsabilidad con el medio ambiente, que hiciera posible tanto el desarrollo de los seres humanos, como el mismo crecimiento económico sostenible. En el sistema ético kantiano, no hay deberes directos con los animales o el ecosistema, pero sí indirectos en tanto la preservación de éstos es necesaria para la vida humana y para su perfeccionamiento moral. Para generar tal conciencia de la importancia del deber kantiano en un sistema ético ambiental, que tuviera una gran aceptación entre la sociedad humana, sería de enorme importancia que cada ser humano llevara a cabo los actos fundamentales de su vida de tal manera que ellos respondieran a un imperativo categórico, tal como lo propone Kant, que sirviera como ejemplo y motivación para todos, en la convicción de que serían actos libres, ordenados a la razón y destinados a conseguir el desarrollo integral de los seres humanos, el crecimiento económico sostenible y la responsabilidad con el medio ambiente, en un marco de libertad y absoluto convencimiento de las decisiones propias y sus consecuencias. 19 Finalmente, una conciencia ética ambiental adquiere una dimensión decididamente humanística cuando contempla los postulados de la razón práctica que propone Kant, es decir la libertad, el alma y Dios. La libertad es imprescindible para dotar de sentido a una vida humana que aspira a su realización. La vida está llena de elecciones, la inteligencia y la voluntad ayudan a esclarecer el sentido de las decisiones que van marcando la pauta de la existencia humana; sin la posibilidad de escoger, desaparece la libertad, por lo tanto, también la responsabilidad y la conducta humana queda reducida a un nivel básico, primario, instintivo, es decir mutilado en su dimensión compleja de enorme riqueza: material, sensible, racional y espiritual. La dimensión espiritual expresada en el alma alude a realidades que son imposibles de medir o pesar, pero no por ello dejan de existir tales como el amor, la amistad, la lealtad, la fortaleza, la integridad y muchos otros que son necesarios para los seres humanos comprometidos con la transformación de sí mismos y de su realidad circundante, en este caso en su ámbito de desarrollo, crecimiento económico sostenible y responsabilidad con el medio ambiente. 20 VI SCHELER El valor como descubrimiento Una aportación muy interesante a la conceptualización de un marco ético que norme la vida de las personas y las sociedades es el que ha aportado Max Scheler. Desde su perspectiva, los valores no se inventan, ni se transmiten, simplemente se descubren. 26 Esto se debe a que las facultades naturales del ser humano le permiten entrar en contacto con la realidad objetiva del valor encarnado en la vida cotidiana. Los valores ejercidos por las personas son reconocidos de manera natural desde la misma emoción humana, sin necesidad de una profunda reflexión inicial por parte de quién los vive o los contemple. Esto tiene una enorme importancia si se considera que toda persona es capaz de experimentar el valor y hacerlo un referente fundamental de su vida práctica. Una conciencia ética ambiental no puede soslayar la necesidad de que las personas se comprometan efectivamente con llevar a cabo valores que transformen positivamente su entorno, sin importar el grado de instrucción o reflexión que puede tener grandes brechas entre sus integrantes. 27 Siguiendo a Scheler, la intuición del valor se lleva a cabo cuando éste se materializa a través de las conductas de las personas. Esto plantea la radical importancia que exige la vivencia de los valores a tal grado de convertirse en una tendencia general y dominante al interior de los grupos humanos y así constituir una realidad habitual que transforme efectivamente las condiciones de vida de las personas, en una lógica de búsqueda de perfeccionamiento integral. Que el valor primero se sienta, se intuya y se lleve a cabo en la vida práctica, como dice Scheler, no excluye que las personas reflexionen sobre él, al contrario el valor efectivamente llevado a cabo es más comprensible a la razón humana en tanto constituye una realidad propia y familiar a quién lo piensa y analiza. La reflexión constante y sistemática acerca de nuestro marco ético ambiental y de nuestra conducta ajustada a él sin duda aporta enormes beneficios que permiten múltiples mejoras a la propia vivencia humana. Según Scheler la realidad objetiva de los valores provoca que no 26 Ibíd. Pág.177 27 Ibíd. Pág. 179. 21 dependan de opiniones subjetivas o cambios circunstanciales que alteran su validez universal más allá de realidades temporales o espaciales. 28 Se facilita así la propuesta de un marco ético ambiental cuya enorme aplicabilidad se deriva de la universal condición humana y que exige en todo caso un esfuerzo similar a las personas independientemente de su condición específica en el mundo. Gracias a ello, los valores existen en todo lugar y circunstancia. La jerarquía de valores Una de las principales aportaciones de Scheler es enfatizar la importancia de que las personas asuman libremente una jerarquía de valores universales y trascendentes que les permitan orientar y delinear su vida tanto en las cuestiones más simples como las más importantes. Otra contribución concreta de Scheler muy destacable es marcar que existen valores más preferibles que otros, 29 es decir, valores de lo agradable, de lo noble, de lo espiritual y de lo santo, así establece un marco de referencia para, con libertad y responsabilidad, armonizarlos de tal manera que nos permitan perfeccionarnos desde nuestra propia singularidad. Así pues, la responsabilidad con nuestro entorno ambiental está intrínsecamente relacionada con la búsqueda de una sociedad con mejores personas, que asciende de lo desagradable a lo agradable, de lo mediocre y ordinario a lo noble y verdadero, de lo materialista a lo espiritual, y de lo efímero a lo eterno. Definitivamente concluimos que ser un portador de valores como propone Scheler, nos lleva a buscar el bien común y por lo tanto la responsabilidad con nuestro ambiente natural. Así después de este recorrido, retomando a los griegos, la tradición cristiana, los aportes de Kant y Scheler, es posible formular una expresión de conciencia ética ambiental que destaca con las ideas de mesura, respeto, gratitud, responsabilidad, deber, compromiso, voluntad y libertad para una vida digna del ser humano en su entorno natural. Es decir una Sustentabilidad con rostro humano, en la que cada uno pueda decir: “Cambié para bien y para siempre”. 28 Ibíd. Pág. 179 29 Ibíd. 22 VII CONCIENCIA AMBIENTAL Donde crece el peligro crece también lo que salva. Friedrich Hölderin Se dice que fue una mujer quien sembró la primera semilla, un acto sencillo, pero fundacional, que cambiaría permanentemente la relación del hombre con la naturaleza, inaugurando la primera forma elaborada de relación humana con el medio ambiente: la agricultura. La naturaleza, ante la mirada atenta de los seres humanos, devela sus secretos, y en el hombre nace la conciencia de sí mismo y de su entorno; cuando termina el vagar interminable que supuso la condición milenaria del nomadismo en los primeros grupos humanos, cambia radicalmente el estilo de vida de las personas, asentadas permanentemente en un solo lugar, en el que crecen las plantas que constituyen el sustento primordial. La agricultura condiciona la aparición de los primeros poblados y ciudades. El hombre tiene que observar y entender mejor la naturaleza que le rodea, ya que de penetrar en sus misterios depende la supervivencia y el bienestar de su grupo. Debe organizar de manera más compleja la actividad humana que implica que unos se dediquen a las labores agrícolas, otros a las ganaderas, otros a las forestales, otros a la caza y a la pesca, otros a la elaboración de utensilios y herramientas, otros a la administración y el gobierno y otros a las relaciones con lo divino que gobierna a todo el universo. Es entonces que nace la cultura, la civilización y la cuestión ecológica en la experiencia humana. Antecedentes de la cultura ambiental La palabra Cultura, en su sentido absoluto, remite al cultivo, a la agricultura, es la distancia entre el territorio de los hombres: lo culto, lo cultivado, y los entornos naturales: lo inculto, lo silvestre. 30 Con el dominio de la agricultura y de la energía procedente del fuego, el hábitat natural del hombre se expandió a muchas regiones de la Tierra, haciendo del ser humano una especie con amplia distribución en la mayor parte del planeta. 30 Cf. Culture: A Critical Review of Concepts and Definitions, Kroeber 1952. 23 Como metáfora de cultivar la tierra, posteriormente se acuñó el concepto cultura del espíritu; así, el hombre planta las semillas de conocimiento para desarrollar sus cualidades intelectuales y morales que le permiten una conciencia más plena de sí mismo y de su entorno, y por ello adquiere la posibilidad de una vida digna; pero no fue sino hasta mediados del siglo XX que se inició un movimiento denominado cultura ambiental, que derivaría en el concepto de conciencia ambiental. Sin embargo, lo que hoy podemos considerar como una tendencia conservacionista, aún de manera incipiente, poco elaborada, más accidental que esencialmente buscada, es decir la conciencia de los efectos del hombre en la naturaleza y el impulso por preservarla, ha sido una constante en la historia de la humanidad. Con motivos múltiples y diversos, el hombre ha conservado espacios y especies silvestres: bosques sagrados donde habitan divinidades; fuentes de las que emanan mágicos poderes; animales que son las encarnaciones de dioses. Nuestros primeros ancestros encontraron en la naturaleza misteriosas fuerzas y sitios sagrados intocables. Más tarde, pero por motivos políticos y sociales derivados de las prerrogativas de las élites humanas, surge un primitivo esquema de áreas naturales protegidas que aún persiste: los cotos de caza, que aun siendo un privilegio de la nobleza feudal, protegen no sólo la vida silvestre, sino su hábitat. Durante el movimiento filosófico literario del romanticismo, en el siglo XIX, la naturaleza tiene más importancia como fuente de inspiración para la emoción estética y el goce del espíritu que como fuente de explotación de recursos económicos, y hay voces que se alzan en un llamado a conservar intactos aquellos paisajes que despiertan la experiencia estética; baste mencionar el Bosque Fontainebleau, que en el siglo XIX se convirtió en la primera reserva natural creada en el mundo por iniciativa de un grupo de pintores. Sin embargo, la revolución industrial encuentra en los espacios naturales una supuesta “inagotable” fuente de recursos imprescindibles para el avance irrefrenable del progreso. Con esta lógica, basada en la búsqueda pragmática y desmedida del beneficio económico, multitud de regiones del planeta fueron devastadas y muchas de ellas, irremediablemente perdidas. Los recursos naturales fueron consumidos sin preocupación por el deterioro ecológico y el eventual agotamiento futuro de los mismos. Ante esta situación, organizaciones conservacionistas como Sierra Club, fundada en 1891 en los Estados Unidos, reclamaron la conservación de la naturaleza defendiendo su pasión por las actividades humanas de recreación al aire libre con respeto por el entorno mismo, el llamado fenómeno Outdoor, del que se desprende la creación de los primeros parques nacionales en la Unión Americana. 24 Movimiento conservacionista Sin embargo, fue en a mediados del siglo XX cuando se desarrolló un gigantesco movimiento contracultural, sumamente complejo y con aristas de tipo político, económico, filosófico, en el que la lucha política contra el sistema se vinculó con la cuestión de la vida humana sometida a las nociones reduccionistas de producción y consumo de bienes y servicios impuestas como pilares de la vida humana por el sistema político económico vigente. Esta sociedad altamente materialista y consumista aumenta vertiginosamente el daño al medio ambiente y agota de una manera exponencial los recursos del planeta. Muchos señalan el origen del movimiento conservacionista como una revuelta contra este tipo de economía, que tuvo gran difusión precisamente gracias al avance científico y tecnológico. Paradójicamente, la ciencia y la tecnología desempeñaron un papel fundamental en el conservacionismo, ya que el movimiento se apoya en la compilación de datos, el análisis y la difusión de información científica sobre la interacción de los artefactos fabricados por el hombre y el medio ambiente. En suma, el movimiento se activa con la conciencia del riesgo ambiental, que parecería la primera forma de conciencia ambiental. Podemos mencionar algunos acontecimientos que contribuyeron a llamar la atención sobre los planteamientos y advertencias del movimiento ambientalista en contraposición y crítica a la sociedad de consumo que amenaza al equilibrio natural del planeta: accidentes nucleares en diversos países europeos como Inglaterra o la Unión Soviética; aparición de fármacos como la talidomida, que causaron graves daños colaterales en las personas; nuevos plaguicidas y pesticidas sintéticos como el DDT, de efectos devastadores en los seres humanos que viven en ambientes contaminados por estos productos; accidentes de submarinos militares atómicos hundidos; bombarderos atómicos desplomados con su carga letal; reactores nucleares civiles colapsados, que contaminaron a millones de personas y extensas áreas, así como derrames petroleros de buques que causaron graves daños al hábitat marino. Progresivamente la información de estos eventos catastróficos llegó a grandes núcleos de la población mundial, provocando angustia y temor ante las posibles repercusiones letales y de largo alcance que podrían poner en peligro la misma existencia humana. Éste es el ambiente en el que las ideas conservacionistas empezaron a tener una mayor difusión e impacto. 25 A mediados del siglo XX, la conciencia ambiental estaba centrada en el temor; en darse cuenta del peligro de los efectos negativos de la depredación del planeta y de la irresponsabilidad asociada al uso desmedido de los recursos naturales, y la degradación de sus fuentes de subsistencia y diversas formas de contaminación. De hecho, una de las publicaciones emblemáticas de esta época: La primavera silenciosa 31 constituía más una denuncia contra los abusos de las sustancias químicas artificiales para el control de plagas que un llamado a evitar la pérdida de especies silvestres. Pero este llamado a proteger el medio ambiente tuvo una nueva característica distintiva, fruto de una madura reflexión y una consideración más integral del problema. Eventualmente, se generó la idea de la responsabilidad ambiental basada en un compromiso permanente, en un tiempo indefinido, con un número de generaciones indefinido; por primera vez se planteó el cuidado del medio ambiente como una responsabilidad ética permanente con los otros, y con las generaciones por venir. Un ejemplo de esto es el movimiento antinuclear, una de las fuentes más poderosas del movimiento conservacionista, y que previene los efectos a largo plazo de los desechos radiactivos, no sólo inmediatos, sino los que podrían significar una amenaza a la seguridad de generaciones a miles de años de nosotros. Por otra parte, los temas que se consideran centrales del movimiento conservacionista son: la conservación responsable de la naturaleza y la búsqueda de la calidad de la vida humana en armonía con el medio ambiente. Ellos derivan en tres grandes corrientes: La primera pone el acento en una visión ecologista extrema, que se puede denominar “ética de la tierra” en la que la prioridad reside en la conservación del planeta como un ente vivo y complejo, del cual la especie humana no está por encima sino forma parte. 32 La segunda corriente radica en una visión ecologista moderada, que se puede denominar “economía ambiental” o “desarrollo sustentable” en la que la prioridad reside en un óptimo desarrollo de los seres humanos con crecimiento económico y responsabilidad con el medio ambiente. La tercera está basada en una visión crítica del sistema político económico dominante en Occidente, es decir el democrático y de libre mercado transformado en manipulador, consumista y materialista, como una expresión de explotación de las personas, el planeta y sus recursos naturales. 31 Silent Spring, Rachel Carson, 1962 32 Esta corriente es llamada Deep Ecology. 26 Esta corriente se expresa actualmente en modelos alternativos, globalifóbicos, anárquicos y de resistencia, en todo el mundo. 33 A partir de 1968, el tema ambiental entró de lleno al interés público mundial, gracias a una serie de informes científicos que marcan toda una época de concientización global sobre la problemática ambiental. En 1968, las Naciones Unidas consideraron los asuntos del medio ambiente por primera vez en el 45º período de sesiones del Consejo Económico y Social, el cual por medio de su resolución 1346 (XLV), de 30 de julio de 1968, recomendó que la Asamblea General convocara una conferencia de las Naciones Unidas sobre “los problemas del medio humano”. Ese mismo año, científicos del MIT 34 , financiados por el Club de Roma, inician una investigación de los patrones de producción y consumo global y concluyen que la capacidad del planeta está sobrepasada para producir los recursos al ritmo que se están utilizando; la publicación de este trabajo denominado Los Límites del Crecimiento. Informe al Club de Roma sobre el predicamento de la humanidad, 35 se realizó en 1972; mismo año en que fue publicado Una sola Tierra: El cuidado y conservación de un pequeño planeta, documento elaborado por más de un centenar de científicos de todo el mundo, traducido a diez idiomas, y puesto a disposición de todos los delegados de la ONU, por iniciativa de la Secretaría General de la Conferencia. Esta publicación fue decisiva en la Conferencia sobre el Medio Humano de la ONU, realizada en Estocolmo, Suecia en 1972; por primera vez, introdujo en la agenda política internacional la dimensión ambiental como condicionadora y limitadora del modelo tradicional de crecimiento económico y del uso de los recursos naturales. Esta primera gran Conferencia de la ONU sobre cuestiones ambientales internacionales marcó un punto de inflexión en el desarrollo de la política internacional del medio ambiente; creando el 33 Timothy W. Luke. The System of Sustainable Degradation, A Journal of Socialist Ecology, Vol 17. Number 1, March, 2006 34 Instituto Tecnológico de Massachusetts, por sus siglas en inglés. 35 “Si se mantienen las tendencias actuales de crecimiento de la población mundial, industrialización, contaminación ambiental, producción de alimentos y agotamiento de los recursos, este planeta alcanzará los límites de su crecimiento en el curso de los próximos cien años. El resultado más probable sería un súbito e incontrolable descenso tanto de la población como de la capacidad industrial.” (D.L. Meadows et al, Los Límites del Crecimiento, 1972, pág.216. Fondo de Cultura Económica, México) 27 Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), es decir, el principal programa de la ONU a cargo de los asuntos del medio ambiente. El desarrollo sostenible En 1983, la Asamblea General de la ONU designó una comisión de distintas naciones, encabezada por la doctora Gro Harlem Brundtland, entonces primera ministra de Noruega, para realizar un informe sobre medio ambiente y desarrollo, que se publicó en 1987 con el nombre de Nuestro Futuro Común, y que posteriormente fue conocido como El Informe Brundtland. En este informe, que propone la postura del desarrollo económico con la sustentabilidad ambiental, se advierte el elevado costo medioambiental del avance económico y en él se utiliza por primera vez la expresión “desarrollo sostenible” o “desarrollo sustentable”, definido como aquel que satisface las necesidades del presente sin comprometer las necesidades de las futuras generaciones. Implica un cambio muy importante en cuanto a la idea de sustentabilidad, principalmente ecológica, y da también énfasis al contexto económico y social del desarrollo. Con el sustento de este documento, durante la Conferencia Sobre Medio Ambiente y Desarrollo de Río de Janeiro, de 1992, se emitieron tres acuerdos clave: La Declaración de Río sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo; el Programa 21; también conocido como Agenda 21, y la Declaración de principios relativos a los bosques. Ese mismo año se emitió la Convención Marco sobre El Cambio Climático, y en 1998 se publicó su protocolo, El Protocolo de Kioto. 36 Dos décadas después, y aun con las Cumbres celebradas por la ONU en 1997, 2000 y 2001, es evidente que las restricciones éticas, morales y ecológicas que contemplaba El Informe Brundtland, así como los compromisos establecidos para combatir los efectos del cambio climático, no han sido puntualmente cumplidos por los países firmantes. Mientras que las compromisos del Protocolo de Kioto representan un freno para el desarrollo económico irresponsable presente, y por ende contra consecuencias desastrosas de carácter ambiental en el futuro; es decir, una actitud ética no sólo con las siguientes generaciones, sino con toda la vida en el planeta, las restricciones que implica el desarrollo sustentable requieren de una 36 Documentación de las Naciones Unidas / Medio Ambiente (en línea) http://www.un.org/depts/dhl/spanish/resguids/specenvsp.htm (consultado el 18 de marzo de 2015) http://www.un.org/depts/dhl/spanish/resguids/specenvsp.htm 28 ética subordinada al bienestar humano actual, es decir, utilizar los recursos no renovables de la manera más eficiente posible para no poner en peligro los sistemas naturales que sostienen la vida en la Tierra, entendiendo que a fin de satisfacer las necesidades humanas no todos los ecosistemas pueden ser conservados en su estado virgen. En el concepto de desarrollo sostenible la conciencia ambiental ha estado enfocada en un nuevo temor: el agotamiento de los recursos, y nos cuestiona sobre nuestra capacidad personal de renunciar a los niveles de consumo a los que no todos los individuos pueden aspirar, para asegurar la equidad de los recursos para las generaciones presentes y futuras. Ante los efectos del cambio climático, la necesidad de esta renuncia se vuelve global y representa la exigencia de una ética colectiva a favor de la vida en la Tierra. Hoy se requiere un concepto de desarrollo sostenible que vaya más allá del temor a los desafíos y retos que enfrentamos, y que esté basado en el amor a la dignidad humana y, por lo tanto, en la promoción del bien común de cada persona y de todo el planeta. Es decir en una sustentabilidad con rostro humano. Nos enfrentamos a nuevas circunstancias y desafíos en un nuevo milenio, en el que la culpa ambiental de décadas de indiferencia e inacción cae de golpe sobre nuestra generación y la de nuestros hijos, y donde toda nuestra esperanza está puesta precisamente en el punto de origen de nuestra conciencia ambiental, en el eco de aquella mujer que sembró la primera semilla de la cultura humana, y de aquellos que queremos abordar un camino de reflexión humanística para plantear una conciencia ética ambiental, viable para las generaciones presentes y futuras. 29 VIII UNA PROPUESTA ÉTICA AMBIENTAL El proyecto: “Sustentabilidad con rostro humano“, que me permito plantear como una propuesta basada en una experiencia personal, busca conjugar el campo de la ética y la sustentabilidad. Es viable y concreto porque ya se está llevando a cabo y ha demostrado su eficacia; es solidario y participativo debido a que fomenta el bien común a través de la unión con otros para obtener un bien específico en el campo de la conciencia ética ambiental. Atiende en específico a las mujeres y a los jóvenes; en efecto, ellas poseen una serie de características que han facilitado la promoción de valores tales como la sensibilidad, la solidaridad, el compromiso y otros tantos que siendo universales se han manifestado más frecuentemente y de manera más sencilla en el ámbito femenino. A su vez, los jóvenes son los futuros tomadores de decisiones y por ello es muy importante que tengan un marco de referencia ético ambiental que les ayude a contribuir de manera positiva a una vida más plena y de mayor calidad. El proyecto apunta a proponer y difundir una conciencia ética ambiental que sirva para que las personas se dignifiquen de tal manera que se genere un ambiente más humano en las relaciones entre personas y con nuestro hábitat. El proyecto se lleva a cabo por medio de conferencias dirigidas a mujeres y jóvenes en las que se proporciona conocimiento relativo a la cuestión ambiental, sus antecedentes históricos, sus tendencias contemporáneas, pero sobre todo, se plantea una propuesta concreta de sensibilización basada en el respeto a la dignidad de la persona humana y que involucra una toma de conciencia y un compromiso real de los participantes con los derechos y deberes propios de cada persona y de toda la comunidad. Esto se basa en mi propia postura de la relación con el medio ambiente, la sustentabilidad, donde la toma de conciencia nos permite conocer el valor de la dignidad humana. Frente al caos actual en nuestra sociedad, iniciativas como las del presente proyecto, que fomenten la responsabilidad y el compromiso ético en materia ambiental, son indispensables para poder aspirar a un futuro viable, digno y más humano. 30 Antecedentes Desde siempre he estado preocupada por la problemática que involucra a la vida moderna en nuestras sociedades, como por ejemplo; la desigualdad, la violencia y la injusticia. Pero sin duda, lo que tiene que ver con nuestro hábitat, y que se manifiesta en el deterioro del medio ambiente, contaminación, escasez de recursos entre otros problemas, constituye un foco de interés personal mayúsculo. Para mí, la sustentabilidad con rostro humano, o sea, la vida humana en armonía con el medio ambiente, parte de una visión integral del ser humano, que tiene en sí mismo las respuestas y las soluciones a todas estas cuestiones, desde el respeto a la dignidad de la persona humana. La inteligencia y la voluntad, la sensibilidad y la imaginación son prácticamente inagotables y capaces de proporcionarnos las vías para aspirar a una vida plena humana. Por todo ello, inicié una búsqueda para dar salida práctica a mis inquietudes. El primer paso fue colaborar de manera más activa y eficaz en las actividades institucionales de la escuela de mis hijos. Además de la satisfacción personal, adquirí conciencia de lo mucho que me faltaba por aprender para llegar al fondo de las cuestiones que me interesaban y proponer opciones concretas, viables y positivas que me permitieran satisfacer mis interrogantes y contribuir al bienestar de los demás. Ello me llevo a capacitarme de manera profesional en todo lo referente al tema de sustentabilidad. Más tarde, me acerqué a fundaciones e instituciones educativas sensibilizadas en la cuestión ambiental. Uní mi esfuerzo con ellas para lograr acciones concretas y resultados específicos. No cabe duda que haber tenido experiencias vitales fue decisivo para alcanzar un nivel de sensibilidad y entendimiento más profundo sobre todas estas cuestiones. Llegué a la conclusión de que no sólo se requiere de iniciativas de buena voluntad, muchas de ellas poco prácticas o irrealizables, ni la existencia de una sola forma de solución a los problemas. Más bien se necesita que todas las personas, desde su propia y especial circunstancia de vida, asuman con sensibilidad e inteligencia un compromiso realista para colaborar en la construcción de un mundo mejor y poniendo énfasis en la cuestión ambiental. De ahí surge la necesidad de plantear el presente proyecto. 31 Definición y objetivo El proyecto: “Sustentabilidad con rostro humano“, es una aportación concreta, viable, solidaria y participativa para contribuir al desarrollo integral de las personas y la comunidad, por medio de la promoción de líderes, particularmente mujeres y jóvenes, que lleven a cabo acciones sustentadas en una conciencia ética ambiental que permee a la sociedad. El objetivo es proporcionar a mujeres y jóvenes conocimiento relativo a la cuestión ambiental, sus antecedentes históricos, sus tendencias contemporáneas, pero sobre todo, sensibilizar, concientizar y comprometer a los participantes con los derechos y deberes propios de cada persona y de toda la comunidad. Programas y actividades Son los principales programas: 1. Programa de investigación medio ambiental y ética Por medio de este programa se busca integrar un acervo documental que contenga las obras más significativas, calificadas y respetadas en el ámbito académico en la materia medio ambiental y ética. También se busca elaborar materiales de trabajo que faciliten la labor del programa de difusión. 2. Programa de difusión medio ambiental y ética Por medio de este programa se busca impartir la mayor cantidad de conferencias a mujeres y jóvenes con la finalidad de promover la toma de conciencia ético ambiental para que se traduzca en hechos y acciones concretas que nos lleven a una mejor realidad personal y social. Las actividades más destacadas son: 1. Investigaciones en materia ético ambiental Consiste en recopilar información valiosa y actualizada de los mejores especialistas en estas materias, a fin de contar con los mejores conocimientos y herramientas teóricas que permitan su aplicación práctica a través de voluntarios e interesados en colaborar con el proyecto. 2. Elaboración de materiales de trabajo 32 Para contar con herramientas didácticas y de apoyo que utilicen de manera práctica los voluntarios e interesados en el proyecto. 3. Red de Voluntarios Invitación a participar en una red de voluntarios e interesados en colaborar con el proyecto, a través de una investigación relativa a las instituciones y personas destacadas en el ámbito de la responsabilidad ética ambiental a fin de generar sinergia y unir esfuerzos en una red. 4. Conferencias Se impartirán como un vehículo de difusión del objetivo y las actividades del proyecto, a fin de motivar en los asistentes un compromiso de acción ética ambiental, así como a compartir con otras personas la experiencia adquirida de contribuir al bien común desde una perspectiva ambiental. 5. Cursos Dotan a los participantes de contenidos valiosos obtenidos, a través de las investigaciones realizadas en el proyecto, y expresados de manera didáctica y extensa. 33 REFLEXIÓN FINAL Con todo lo anterior, y considerando que nunca en la historia de la humanidad el avance del conocimiento había sido mayor en cuanto a ciencia y tecnología, corresponde ahora enfocar nuestros esfuerzos en lograr un desarrollo similar en el ámbito de la conciencia y la responsabilidad personal y social. Hoy el hombre ha logrado duplicar su esperanza de vida y mejorar la calidad de ésta en muchas regiones del planeta sin embargo, hay enormes rezagos que impiden a la mayor parte de la humanidad tener una existencia digna; por esta razón el hombre enfrenta una mayor responsabilidad para consigo mismo, para con los suyos e indirectamente también para con aquello que le permite aspirar a seguir existiendo, avanzando, progresando, es decir la naturaleza, el planeta, el hogar común que nos ha provisto de manera generosa por miles de años. Existen muchas visiones pesimistas con argumentos firmes y sólidos que nos describen un horizonte gris en materia de conservación y cuidado del planeta, a pesar de eso, podemos afirmar que también existe un lado amable, lleno de luz y esperanza. Existen muchas acciones positivas, muchas voces informadas, mucha voluntad generosa de que el bien común en materia ambiental signifique llegar al punto de ser más congruentes como civilización humana, más éticos, más empáticos con los nuestros, con los que nos rodean y con nuestro entorno, nuestra naturaleza, nuestro planeta. Un propósito que de pronto suena idealista, pero ¿de qué otra manera podemos vivir si no es con un ideal en nuestra mente y corazón?, un ideal de civilización humana que forma personas que saben respetar y desear lo mejor, no sólo para uno mismo sino para los demás. Por ello, hay que aprovechar los conocimientos, la tecnología, la ciencia, para generar con valentía y con actitud de responsabilidad una opción de cambio en nuestra forma de pensar y actuar. Hay mucho que hacer, podemos empezar por nosotros mismos, comprometidos, con actitudes que lleven a acciones cercanas a nuestro propio entorno, y que logren un efecto multiplicador para cada quien desde su propia realidad específica. Si logramos hacernos conscientes del gran potencial de cambio que cada uno tiene, podremos influir de manera positiva y superar los grandes retos y desafíos que plantea la situación actual. 34 Éste es el sentido del proyecto que propongo, su esencia consiste en proponer un compromiso ético ambiental para el bien común. En esencia un acto ético ambiental, consciente, consiste en hacer el bien a los otros y a uno mismo, preocuparse por el bien propio y el bien común en relación con nuestro medio ambiente. Lo ético ambiental es, sobre todo, un acto de inteligencia y voluntad que nos conduce a la dignidad y a la libertad. 35 BIBLIOGRAFÍA Aulio Gelio, Noches Áticas, Edición de Santiago López Moreda, Ed. Akal, Madrid, 2009 Biblia de América. Editorial La Casa de la Biblia, Madrid, 1997. Concilio Vaticano I, Const. Dogm Dei Filius, C. 1 DS 3002 Copleston, Frederick. Historia de la Filosofía. Ariel, Barcelona, 1983. Dawson, Christopher. Historia de la cultura cristiana. Fondo de Cultura Económica, México, 2006. Esquilo, Tragedias, Introducción general de F. Rodríguez Adrados, Traducción y notas de Bernardo Perea Morales, Madrid Editorial Gredos, 2006. Esquilo, Tragedias, Traducción de Bernardo Perea Morales (1993). Madrid, Editorial Gredos. Friedman, George (2014) Los próximos 100 años. Océano, México. Gutierrez Sáenz, Raúl. Historia de las doctrinas filosóficas, Esfinge, México 2006. Guzmán Valdivia, Isaac (1980) Doctrinas y problemas sociales. JUS. México. Höffner, Joseph (1974) Manual de Doctrina Social Cristiana, Rialp, Madrid. Ibañez Martín, José (1989) Hacia una formación humanística. Herder. Barcelona. Iglesia Católica. Catecismo de la Iglesia Católica. Núm. 613. Coeditores Católicos de México, 1999. Jaeger, Werner. PAIDEIA. Fondo de Cultura Económica, México, 1992. Kroeber, A. L. and K, C., (1952). Culture: A Critical Review of Concepts and Definitions. Vintage Books. Leakey, R y R. L, La sexta extinción, el futuro de la vida y de la humanidad. Traducción al español, ed. Antonio-Prometeo Moya, Barcelona 1997. LEON XIII, Carta enc. Libertas praestantissimum: Actas de León XIII 8, 219 Llano, Alejandro (2005) Humanismo cívico. Ariel. Barcelona. Meadows, D.L. et al (1972) Los Límites del Crecimiento, FCE. México. Morin, E. y Kern, A.B. (1993) Tierra patria. Ed. Kairós Barcelona. Morin, Edgar (1984) Ciencia con consciencia. Ed. Anthropos, Barcelona. Naciones Unidas, Documentación de Medio Ambiente (en línea) http://www.un.org/depts/dhl/spanish/resguids/specenvsp.htm Novo, M. (2006) El desarrollo sostenible. Su dimensión ambiental y educativa. Madrid: Pearson/UNESCO. 36 Pérez Adán, José (2002) Diez temas de sociología. Ediciones Internacionales Universitarias. Madrid. Pérez Adán, José (2006) Sociología. Ediciones Internacionales Universitarias. Madrid. Platón, Diálogos, Editorial. Gredos, Madrid, 1981 Reclus, Elisée (1906-1909) El Hombre y la Tierra, VI volúmenes, bajo la revisión de Odón de Buen, traducción de Anselmo Lorenzo, Escuela Moderna, Barcelona. Rifkin, Jeremy (2010) La Civilización Empática. Ed. Paídos, México. Sacheri, Carlos (1985), El orden natural. Ediciones promesa. Edición privada. Argentina. Timothy W. Luke. The System of Sustainable Degradation. A Journal of Socialist Ecology, Vol 17. Number 1, March, 2006